La ópera prima del misionero Gastón Gularte, «Detrás del sol, más cielo», es un film
amable y de apariencia ingenua, hecho con la mirada, los gustos artísticos y el discurso
de la gente del interior.
«Detrás del sol, más cielo» (Argentina-Paraguay-España, 2008, habl. en español y guaraní). Guión y dir.: G.A. Gularte. Int.: L. Pérez Campos, M. Morgenstern Krieger, M. Martínez Gini, L. Cruz, C. Álvarez Novoa, V. Laplace, J. Pérez.
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Coproducción misionero-paraguaya con algún aporte español, esta película fue estrenada hace ya unos meses en Chaco y Misiones, y superó allí los 30.000 espectadores, una cifra que, seguramente, le han de envidiar unos cuantos realizadores porteños. El hecho habla del reconocimiento local, pero también de un posible cine federal, auténticamente hecho con la mirada, los gustos artísticos, y el discurso de la gente del interior. Por supuesto, la procedencia de una obra no necesariamente garantiza su calidad, un asunto que corresponde apreciar caso por caso.
El que aquí nos convoca es, en su mayor parte, un relato de trámite cordial, sentimiento afable y apariencia ingenua, un sencillo relato de la costa misionera, donde un muchachito se pone de novio mientras junta plata para ir a trabajar con su padre, en Asunción. El sueña con irse. «Yo soñaba que mi hijo cerrara mis ojos bajo este sol», decía la madre de un relato aún más viejo. «Yo sueño que mi hijo abra los suyos bajo otro sol», era la réplica.
«¿Qué hay detrás del sol?», se pregunta el chico de esta historia, aunque no es tan zonzo como para no darse cuenta. Detrás debe ser lo mismo que debajo, se disfruta y se sufre lo mismo. Así también le ocurre a nuestro personaje, cuya vida tiene, desde un comienzo, dolores muy fuertes. No todas las personas son amables en su tierra, y hasta hay quien hace daño por el solo gusto de hacer daño. La historia se inicia con un momento dramático, se suaviza luego en escenas apacibles y coloridas, pero los elementos del drama van siempre en paralelo, como va la muerte junto a la vida, y la amenaza del dolor junto a la ilusión de una vida mejor.
La madurez, ya se sabe también, llega con el dolor. Gastón Amílcar Gularte, periodista de amplia actividad televisiva en Misiones (a señalar, sus trabajos para el Sistema Provincial de Teleducación y Desarrollo, Comunicación Social del Servicio de Extensión Rural, y los institutos de Formación Docente), debuta con esta obra en el cine, y lo hace respetablemente. Sus intérpretes, de diversa escuela, son locales y paraguayos, la mayoría debutantes, debidamente respaldados por algunos artistas profesionales. De entre éstos, a Lito Cruz le toca el personaje de gendarme malo. Rodaje en Candelaria, Asunción y Salto Krysiuk. Música del Chango Spasiuk.
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