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5 de noviembre 2008 - 00:00

"Disco"

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Gerard Depardieu y Franck Dubosc en la olvidable comedia francesa «Disco».
«Disco» (id., Francia, 2008; habl. en francés). Dir.: F. Onteniente. Int.: F. Dubosc, E. Béart, G. Depardieu, S. Le Bihan y otros.

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Fanck Dubost, actor de enorme popularidad en Francia, es casi el equivalente en su país a Guillermo Francella. Comediante notable, lleno de recursos, nunca le ha tocado sin embargo una película a la altura de sus posibilidades. «Disco», del mismo modo, es un símil de los films en los que suele actuar Francella. O tal vez peor, lo que viene agravado fuera de Francia por el simple hecho de que los sobreentendidos, los localismos y hasta los rostros de muchos intérpretes de reparto, famosos en la TV local, no mueven ni a una sonrisa siquiera a quienes no son franceses.

Esta comedia «rétro» es vulgar, grotesca y sentimental en el peor de los sentidos. Sus personajes, antes que caricaturescos o coloridos, son patéticos. También aflige observar el comienzo de la decadencia de algunos actores como la bella Emmanuelle Béart, que muy difícilmente habría aceptado hace una década, aún en su esplendor, aparecer en este lastimoso papel de profesora barrial de danzas. Ni qué hablar de Gérard Depardieu, quien desde hace mucho tiempo no tiene problemas en pasear su abdomen por cualquier set en la medida que le paguen lo que pretende. Dubosc, en el film, interpreta a un loser de Le Havre, separado, cuarentón, que vive con su madre y es incapaz de mantener un trabajo. Tiene una única pasión: la música disco de los 80, y se hace llamar Didier Travolta. Su ex mujer se ha ido a vivir a Inglaterra y desde allí impide que él pueda salir de vacaciones con su hijo, a menos que éstas tengan un destino decente. La gran ocasión sobreviene cuando su amigo Jean-François Jackson (Depardieu), dueño de un local bailable, organiza un campeonato de música disco cuyo premio son unas vacaciones en Australia. Está todo dicho.

La chatura de la puesta en escena, y la monótona linealidad del guión no son siquiera capaces de aprovechar potenciales recursos paródicos, como podría ser alguna posible variante de «The Full Monty» durante la competencia de baile. Ya podría ser hora de ir exportando a Francia la serie de los bañeros más locos del mundo como modesta vindicación.

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