Eduardo Casullo pondrá en escena una rara «Bohème» que transcurre en Buenos Aires, en 1918. A diferencia del Colón, el Teatro Avenida celebrará su centenario a puertas abiertas.
Una versión no convencional de «La Bohème», de Giacomo Puccini inicia las actividades del Teatro Avenida, que está cumpliendo durante esta temporada 100 años. Y está abierto. La puesta del régisseur Eduardo Casullo está ambientada en Buenos Aires a principios del siglo XX.
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Producida por Fundamús, se representará desde el 7 de marzo y se han programado -en principio- cuatro funciones más que llegan hasta el 22 de marzo. Si se logra un éxito similar al de «Aída» del año anterior, en el mismo teatro y puesta por el mismo equipo, se calculan más representaciones de este título popular con el que Fundamús se suma a los recordatorios internacionales del 150° aniversario del nacimiento de Puccini.
Un elenco de cantantes argentinos encabezados por la soprano Mónica Ferracani tendrá a cargo los papeles principales, con la dirección de Carlos Calleja. Dialogamos con Casullo.
Periodista: ¿Cómo fundamenta los cambios que le dará a la ópera?
Eduardo Casullo: Hay un hecho fundamental que me motivó a hacer esta traslación de lugar y de tiempo, que tiene que ver con la potencia de la bohemia de Buenos Aires de esos años. La idea es que esto sea un importante homenaje a esa bohemia que marcó un cambio cultural tan grande por entonces, tanto en las artes plásticas, la literatura y en la música. Hay una vida bohemia de trasnochados, de utopía, una actividad fantástica que se daba en Buenos Aires y que coincide con los caracteres que Puccini define para los personajes de la bohemia parisiense. Es en Buenos Aires y la fecha, 1918, porque en realidad concuerda con la víspera de la Navidad de 1917 y el invierno de 1918, que es cuando fue la gran nevada que sirve para las acciones del tercer acto. Esta es una época donde el cambio de tiempo no plantea situaciones conflictivas con lo expuesto por el libreto; es decir, seguían existiendo la tuberculosis, los criterios sociales y los criterios bohemios que hacían que estos fueran potables. No me voy a los años 20 ni a los 70 ni al 2015. Busqué un punto donde estamos respetando lo que plantea Puccini y también este homenaje a nuestra intelectualidad.
P.: Pero esto lo obligará también a muchos otros cambios.
E.C.: La diferencia de vestuario de 1830 a 1918 es significativa, pero el trabajo que ha hecho Mariela Daga es importante. Se reconstruyó el vestuario de 1918 con documentación fiel de la época. Creo que la ópera se adapta al Buenos Aires de ese año: No recuerdo otra traslación de la obra a Buenos Aires realizada con anterioridad. Ambientar la bohardilla de Marcello en un lugar como la Boca se adapta con exactitud a lo escrito originalmente en el libreto. La partitura está respetada en un cien por ciento. Lo mismo que el texto.
P.: ¿El Café Momus en Buenos Aires?
E.C.: Bueno, sólo cambiamos eso en el subtitulado. En lugar de «Momus» escribimos «Tortoni», que es donde transcurre en realidad el segundo acto.
P.: ¿Cuál es la mayor diferencia entre la bohemia parisiense de mediados del siglo XIX con la de 1918 en Buenos Aires?
E.C.: Las corrientes migratorias, que comenzaron a crear en Buenos Aires movimientos anarquistas y una serie de situaciones políticas que llevaron a un cambio. París era más estable,era una época mucho más romántica. En cambio, aquí se ensambla el romanticismo con los movimientos políticos. Los grandes políticos y oradores de la época, Irigoyen y Palacios, es la gente que comienza a cambiar el espectro político y las tendencias. Creo que hay bastante similitud. Si me olvido de lo político, lo artístico calza perfectamente.
P.: Por lo menos celebrará el centenario del Avenida con un teatro en funcionamiento. ¿Cuál es su opinión con respecto a lo que ocurre en el Colón?
E.C.: Los arreglos había que hacerlos, pero creo que el Master Plan arrancó mal desde el vamos porque los especialistas que fueron consultados después no fueron contratados. En este momento todo lo que pude ver dentro del Colón está destruido. Está en obra y no sé si se llega a 2010. Bajo esas circunstancias, hacerse cargo de la dirección de un teatro, cerrado e imposibilitado absolutamente de hacer nada por el estado de las obras, creo que es muy difícil. No se si se podrá hacer una temporada en teatros alternativos como se hizo hasta ahora. No sé si las temporadas anunciadas se van a poder cumplir, creo que hubo muchas cosas, tal vez, apresuradas. Yo pienso en este momento que lo mejor es, ya que el teatro está parado, programar con criterio, con anticipación, con contrataciones absolutamente seguras y confirmadas, y a partir de ahí ver en qué teatros y cómo, hacer algo hasta 2010, si es que en realidad en 2010 el Colón puede reabrirse. Hoy el teatro es imposible de ser transitado. Con la experiencia del Argentino de La Plata, lo que en otros países lleva dos años aquí se prolonga quince. Eso debería haberse anticipado. Otra alternativa era festejar el centenario y después comenzar con las obras previstas. Pero ya está. La autarquía me parece fantástica. Pero el problema es como se van a conseguir los fondos. Si realmente, en algún momento se aparta de los fines originales para los cuales fue pensado el Colón y para los cuáles está pensado el Instituto Superior de Arte, entonces no estoy de acuerdo. Si se mantiene dentro del espectro convencional del teatro Colón, me parece bien.
P.: Algunos creen que autarquía es autoabastecimiento.
E.C.: El Colón no puede autoabastecerse. Algo que los políticos deben entender es que el Colón y la cultura no son un gasto, son una inversión. Malraux decía: si la cultura no sirve probemos con la ignorancia. Si se piensa en una ecuación del tipo costo-beneficio en términos de rentabilidad se está equivocado, no funciona. Tener rentabilidad responde a criterios mercantilistas que se vienen dando según la corriente política que tengamos en vigencia en el gobierno. No sé cuál será la decisión final de Macri, pero de todas maneras lo que digo es un hecho. El que lo piense de otra manera está totalmente equivocado. Es por ese motivo que se llega a la idea de alquilarlo para fiestas, eventos, etc. Una cuestión mercantilista y sin otra razón. Ha pasado y no sólo ahora, también en otros tiempos del Colón. También se llegó a levantar la platea para hacer bailes. Pero con los años se consiguió que el Colón cumpliera su fin específico. Ignoro lo que va a pasar esta vez. Opino sobre lo que a mí me gustaría que ocurriera.
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