Ushio Amagatsu presenta desde esta noche, en el Festival
de Buenos Aires, «Kagemi. Más allá de la metáfora de los
espejos».
Con la cabeza rapada y un manto gris cubriéndole los hombros, Ushio Amagatsu tiene la apariencia de un monje zen. Pero también usa jeans y, según afirma, no sigue ninguna dieta especial, ni practica meditación. En cada país que visita se adapta sin problemas a la comida del lugar e insta a sus bailarines a que hagan lo mismo.
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Amagatsu es el creador de la compañía japonesa Sankai Juku, sin duda, la que más ha contribuido a la difusión de la danza Butoh en Occidente. Sus siete integrantes (todos hombres) viven y preparan sus nuevos trabajos en Japón, pero desde 1983 finalizan sus producciones en el Théâtre de la Ville de París. El resto del año, realizan giras por Europa, Asia, América y Oceanía.
El grupo nació en 1975 luego de un taller realizado por Amagatsu para reclutar bailarines y desarrollar con ellos un estilo propio. Sus coreografías son altamente minimalistas, de movimientos suaves y lentos, pero a la vez requieren de una gran energía y concentración.
Sankai Juku debuta esta noche a las 20.30 en la Sala Martín Coronado del Teatro San Martín con «Kagemi. Más allá de la metáfora de los espejos», dentro del VI Festival Internacional de Buenos Aires.
«Kagemi» es un espectáculo difícil de explicar ya desde el título: «Kage» significa «sombra», «juego de luces» y también alude a «la imagen en el espejo o en una superficie acuática». «Mi» es ver y ser visto. Durante 90 minutos siete criaturas -angelicales y diabólicas, sádicas y dulces, alegres y sufrientes- protagonizan un sueño mágico entre gigantescas flores de loto que se elevan hacia el cielo. Los espectáculos de Sankai Juku son también famosos por su gran refinamiento estético. Dialogamos con Amagatsu.
Periodista.: A mediados de los '80, en Buenos Aires conocimos a Kazuo Ohno, el gran maestro de la danza butoh. ¿Su estilo es muy diferente?
Ushio Amagatsu: Butoh es una mixtura de danza japonesa clásica y contemporánea que expresa el ciclo de nacimiento, vida y muerte. Esta es mi definición personal. Yo trabajé con Ohno en una anterior compañía y, por supuesto reconozco que él y Tatsumi Hijikata fueron grandes maestros. Pero la diferencia generacional entre nosotros es muy grande. Ellos tuvieron que pasar por la terrible experiencia de la guerra (y de Hiroshima) y yo nací en 1949, en una etapa de sacrificio sí, pero también de crecimiento económico. La diversidad de contextos sociales hizo que nuestros trabajos fueran diferentes. Ellos estuvieron más limitados en cuanto a la elección de temas que el público japonés podía aceptar, en cambio yo pude manejarme con mayor libertad.
P.: ¿En qué tipo de fuentes se inspira?
U.A.: Tomo mis ideas de la vida cotidiana. A veces quedan registradas en mi anotador durante años. Para «Kagemi», que estrené en 2000, me basé en una muestra que vi a finales de los '70 y que me había impresionado mucho. Era una pieza creada por Riho Senba, un gran artista del Ikebana (arte floral japonés) y consistía en centenares de hojas de loto frescas prendidas del cielo raso. Nunca olvidé esa imagen, pero recién me decidí a utilizarla 28 años después.
P.: ¿Cuál es el tema central de «Kagemi»?
U.A.: No sólo «Kagemi» sino toda mi obra tiene por tema a la naturaleza humana. Me atrae el misterio de la existencia individual que posee un cuerpo físico propio y, a la vez, se relaciona con todas las cosas que la rodean influyéndolas y siendo influída por ellas.
P.: ¿Qué claves hay que conocer para apreciar este espectáculo en profundidad?
U.A.: No hay claves. Lo que a mí me importa es que cada persona vea este espectáculo a través de su propia experiencia de vida. Con todo su background y la carga que lleve ese día encima va a poder dialogar con el espectáculo y sacar sus propias conclusiones.
P.: Un crítico europeo señalóque su espectáculo puede ser vivido como una experiencia de meditación.
U.A.: Cada uno tiene la libertad de pensar y sentir el espectáculo a su manera. Si ese crítico lo sintió así no seré yo quien lo niegue. Pero es una realidad que en mis espectáculos no hay nada parecido a la meditación ni a las técnicas del zen. Nada de eso.
P.: ¿Usted y sus bailarines practican alguna técnica de meditación u otra actividad física para mantenerse en forma?
U.A.: Yo trato de que mis bailarines se sientan cómodos y se manejen con total libertad porque ya van a tener que concentrarse mucho durante el espectáculo. Fuera del trabajo trato no exigirles tanto, eso fue lo que nos permitió llegar hasta acá. Yo por mi parte hago natación y stretching para mantenerme en forma.
P.: ¿Siguen algún tipo de dieta cuando viajan?
U.A.: Todo lo contrario, tratode que mis bailarines tomen contacto con el lugar y se alimenten con la comida que allí se ofrece. Tal vez seamos más estrictos en el volumen de la comida. Uno de los bailarines viene pensando desde ayer si va a poder comerse un bife de chorizo entero. Piense que en Japón es un producto inaccesible que se cotiza de a 100 gramos.
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