19 de julio 2005 - 00:00
El "Don Juan" pero con sabor francés
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HBO Max estrenó la película peor puntuada de una saga que traumó a millones de espectadores
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La intimidad como territorio de descubrimiento
Federico
Olivera: «La
búsqueda de
la
satisfacción
inmediata, el
descreímiento
de los valores
tradicionales
y la
incapacidad
para
reemplazarlos
por otros
definen a Don
Juan».
Periodista: ¿Qué repercusión tuvo esa escena en su vida?
Federico Olivera: De chico tenía algo muy intuititva con la actuación. Siempre pude separar lo qué era trabajo de lo que era mi vida, y además mi familia me acompañaba. Mientras hacía la película, me llevaron a hacer terapia, más que nada por tener que ir a trabajar todos los días filmando una película que me obligaba a estar ocupado todo el verano. Mi madre pensó que tenía que tener un lugar donde poder descargar todo lo que me estaba pasando. Pero al final terminé hablando de otras cosas, del despertar sexual y otras cuestiones de la adolescencia. Era una película importante, pero no fue fundacional para mí. Recuerdo que la escena con Mimí Pons estuvo a punto de ser censurada y que en la noche de estreno no me dejaron entrar al cine porque era menor de edad. Fue gracioso, yo había hecho la película y no me dejaban verla.
P.: Y ahora volvió a la televisión...
F.O.: No le doy mucha importancia a eso, simplemente es un lugar para estar. No tengo nada para criticarle, ni puedo incidir en ella, simplemente participo de programas de TV y eso me permite seguir haciendo teatro, donde puedo contar lo que me interesa. Tengo 35 años y ya me di cuenta de que actuar en un programa no es más que eso: ir y participar. Cuanto más serio y divertido sea mejor. No hay que ponerle falsas expectativas a la televisión.
P.: ¿Qué puede anticipar de su «Don Juan»?
P.: ¿Lo ve como un rebelde?
F.O.: Es un revolucionario, sin duda. El no se calla nada y tiene muy mezclado lo que piensa y lo que siente. No es un hipócrita, ni defiende una determinada moral. Esto hace que pueda cuestionar todo con tanta verdad y contundencia.
P.: ¿Qué puntos en común tiene este hombre del siglo XVII con el de nuestros días?
F.O.: Muchos. El hedonismo, la búsqueda de la satisfacción inmediata, el descreímiento de los valores tradicionales y la incapacidad para reemplazarlos por otros. Su exagerado individualismo, su indiferencia, su desvalorización de cualquier rito. Hoy estamos tan insensibilizados como él en todos los órdenes, vamos detrás de la belleza y del éxito sin que nos importe ningún valor trascendente. Somos parte de una cultura veloz, con memoria limitada y muy poca capacidad de concentración.
P.: ¿Cómo concibió a Doña Elvira?
F.O.: Lo primero que nos preguntamos fue ¿hasta dónde puede tolerar un engaño una mujer? ¿cuál es su límite? ¿existe ese límite?. Ella no es una ingenua respecto a Don Juan; lo padece, lo tolera, lo sostiene y trata de volver a poseerlo. Quiere volver a vivir aquello que sintió, en cambio Don Juan, una vez que posee algo pierde todo deseo. Y eso es lo que nos sucede también hoy, deseamos mucho una cosa y una vez que la tenemos termina arriba del ropero. También pasa con la familia, nos quejamos de que alguien no nos dijo que nos quería y no valoramos a aquel otro que nos demuestra su afecto todo el tiempo.
Entrevista de Patricia Espinosa




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