19 de julio 2005 - 00:00

El "Don Juan" pero con sabor francés

FedericoOlivera: «Labúsqueda delasatisfaccióninmediata, eldescreímientode los valorestradicionalesy laincapacidadparareemplazarlospor otrosdefinen a DonJuan».
Federico Olivera: «La búsqueda de la satisfacción inmediata, el descreímiento de los valores tradicionales y la incapacidad para reemplazarlos por otros definen a Don Juan».
Federico Olivera dirige y protagoniza en el teatro Metropolitan una nueva versión del «Don Juan» de Molière, acompañado por Eugenia Tobal (Doña Elvira). El actor, que se acaba de sumar al elenco de «Floricienta», sigue firme en la dirección. El año pasado estrenó en el Portón de Sánchez, «Matar el pensamiento», una obra propia que tenía entre sus protagonistas a Soledad Villamil a la que ya había dirigido anteriormente en la reposición de «Glorias porteñas» en el Teatro San Martín.

En su diálogo con este diario, reconoció que no estaba en sus planes dirigir el clásico francés sino únicamente interpretarlo, pero los productores también le ofrecieron la dirección.

A los 35 años, Olivera sigue cultivando un bajo perfil, decisión que tomó luego del éxito de «Son de diez», la tira que lo lanzó a la fama cuando todavía era un adolescente. Al respecto, dice: «Yo quería actuar, no ser una figura. En todo caso ser conocido por la calidad de mi trabajo, no por transmitir una imagen de joven exitoso. Eso me llevó a una crisis que duró cuatro años, en la que me alejé un poco de la actuación para estudiar música: piano y composición. Una vez que pasó la tormenta pude retomar mi carrera desde un lugar más tranquilo. Trabajé en varias películas: 'La vida según Muriel', 'Las cosas del querer 2', 'El dedo en la llaga'... y comencé a escribir teatro». Cuenta también que en septiembre empieza a filmar «Tres minutos», una película de ciencia ficción de Diego Lubinsky. Olivera estudió teatro desde los siete años y a los once tuvo su debut cinematográfico con «Espérame mucho» de Juan José Jusid, en donde lo acosaba Mimí Pons.

Periodista:
¿Qué repercusión tuvo esa escena en su vida?

Federico Olivera: De chico tenía algo muy intuititva con la actuación. Siempre pude separar lo qué era trabajo de lo que era mi vida, y además mi familia me acompañaba. Mientras hacía la película, me llevaron a hacer terapia, más que nada por tener que ir a trabajar todos los días filmando una película que me obligaba a estar ocupado todo el verano. Mi madre pensó que tenía que tener un lugar donde poder descargar todo lo que me estaba pasando. Pero al final terminé hablando de otras cosas, del despertar sexual y otras cuestiones de la adolescencia. Era una película importante, pero no fue fundacional para mí. Recuerdo que la escena con Mimí Pons estuvo a punto de ser censurada y que en la noche de estreno no me dejaron entrar al cine porque era menor de edad. Fue gracioso, yo había hecho la película y no me dejaban verla.


P.:
Y ahora volvió a la televisión...

F.O.: No le doy mucha importancia a eso, simplemente es un lugar para estar. No tengo nada para criticarle, ni puedo incidir en ella, simplemente participo de programas de TV y eso me permite seguir haciendo teatro, donde puedo contar lo que me interesa. Tengo 35 años y ya me di cuenta de que actuar en un programa no es más que eso: ir y participar. Cuanto más serio y divertido sea mejor. No hay que ponerle falsas expectativas a la televisión.


P.:
¿Qué puede anticipar de su «Don Juan»?

F.O.: Se han hecho lecturas muy naïves de esta obra, nosotros en cambio intentamos ver qué hay detrás de Don Juan y de Doña Elvira. El cinismo del protagonista no es sólo desde el humor, sino que parte de una profunda convicción que lo lleva a romper con las normas sociales y con el statu quo, incluido el poder eclesiástico. Además, lo corrimos definitivamente de ese lugar de seductor. Tiene habilidad sí, pero sus conquistas están basadas en el artilugio, en lo que pone en movimiento para poseer.

P.:
¿Lo ve como un rebelde?

F.O.: Es un revolucionario, sin duda. El no se calla nada y tiene muy mezclado lo que piensa y lo que siente. No es un hipócrita, ni defiende una determinada moral. Esto hace que pueda cuestionar todo con tanta verdad y contundencia.


P.:
¿Qué puntos en común tiene este hombre del siglo XVII con el de nuestros días?

F.O.: Muchos. El hedonismo, la búsqueda de la satisfacción inmediata, el descreímiento de los valores tradicionales y la incapacidad para reemplazarlos por otros. Su exagerado individualismo, su indiferencia, su desvalorización de cualquier rito. Hoy estamos tan insensibilizados como él en todos los órdenes, vamos detrás de la belleza y del éxito sin que nos importe ningún valor trascendente. Somos parte de una cultura veloz, con memoria limitada y muy poca capacidad de concentración.


P.:
¿Cómo concibió a Doña Elvira?

F.O.: Lo primero que nos preguntamos fue ¿hasta dónde puede tolerar un engaño una mujer? ¿cuál es su límite? ¿existe ese límite?. Ella no es una ingenua respecto a Don Juan; lo padece, lo tolera, lo sostiene y trata de volver a poseerlo. Quiere volver a vivir aquello que sintió, en cambio Don Juan, una vez que posee algo pierde todo deseo. Y eso es lo que nos sucede también hoy, deseamos mucho una cosa y una vez que la tenemos termina arriba del ropero. También pasa con la familia, nos quejamos de que alguien no nos dijo que nos quería y no valoramos a aquel otro que nos demuestra su afecto todo el tiempo.


Entrevista de Patricia Espinosa

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