27 de mayo 2004 - 00:00
"El éxito paraliza y no deja arriesgarse a otras cosas"
-
La Justicia desestimó la demanda de Blake Lively contra Justin Baldoni por acoso
-
Tini Stoessel habló de las causas de su pelea con Emilia Mernes: "No tiene que ver con un embarazo que perdí"
Yasmina Reza: "El éxito extranjero no es bueno para mí en lo que a los críticos franceses se refiere: la libertad que tengo, el hecho de que no los necesite para llenar un teatro, no es aceptable para ellos".
Periodista: ¿Por qué «Una pieza española» y no de cualquier otro sitio?
Yasmina Reza: España es un país que conozco, me parece que tiene un ritmo particular en su lengua, en su música. Me gustan mucho los españoles, su espontaneidad. Es un país vivo, sensual. Me pareció que iba bien con el tipo de escritura que quería utilizar en la obra que los actores ensayan dentro de mi obra. Me sentía con un humor español.
P.: ¿Ha vendido ya los derechos de la obra en España?
P.: ¿Qué la ha impulsado a tomar a los actores como protagonistas de esta última obra?
Y.R.: Son gente que frecuento desde hace muchos años. La relación entre el actor y el autor es una relación muy complicada, hecha a la vez de amor y de rechazo. El actor dice palabras inventadas por otro, y no forzosamente de la forma en que la persona que las ha inventado quiere que las diga. Hay un deseo de libertad por parte del actor que va a ser costreñido por el autor. Y éste, al mismo tiempo, espera una libertad del actor, pero en una zona particular: demasiada libertad tampoco es buena. Es una relación extraña.
P.: ¿Se alegra de no haber perseverado como actriz? ¿Influye esa experiencia en su forma de escribir?
Y.R.: He actuado un poquito recientemente, pero por diversión. No tengo ninguna nostalgia de ese oficio, mi posición actual es infinitamente más libre. El hecho de haber sido actriz me resulta útil a la hora de escribir, porque los autores que tienen la experiencia física del actor conocemos los límites de las palabras.
P.: Dice que se siente más próxima del personaje de Aurelia, que en la obra es la menos afortunada de las dos hermanas actrices. ¿No se ve como una triunfadora?
P.: La crítica francesa ha sido dura con «Une pièce espagnole». ¿Por qué cree que es mejor recibida en el extranjero que en Francia?
Y.R.: Es verdad que la prensa francesa ha sido horrible, mientras que la prensa alemana, la belga, la austríaca o la suiza han sido elogiosas. Creo que el éxito extranjero no es bueno para mí en lo que a los críticos franceses se refiere: la libertad que tengo, el hecho de que no los necesite para llenar un teatro, no es aceptable para ellos. Seguramente, también porque el éxito comercial les resulta siempre sospechoso y todo eso se ha agravado por el hecho de que no comento nunca mis obras, no voy a la televisión, me niego a hacer mi promoción intelectual. En mi opinión, las obras son lo bastante elocuentes. En un mundo ideal, el artista no tendría que pronunciarse. Si solo dependiera de mí, nunca daría entrevistas.
P.: Usted es hija de un ruso iraní y de una húngara, ha crecido y vive en Francia. ¿Qué efectos tiene esa mezcla de culturas en su obra?
Y.R.: Al principio me hacían esa misma pregunta y solía contestar que no influía nada. Pero luego, viajando por el extranjero, sobre todo en los países anglosajones, mucha gente me ha dicho que no tenía una escritura francesa, que no escribía como los franceses, y finalmente creo que es verdad. Debe de haber alguna influencia de la manera de hablar de mi casa, donde no lo hacíamos en francés, y eso se refleja sin duda en mi manera de escribir sin que yo pueda comprender cómo.
P.: ¿Se considera integrada en la cultura francesa o se siente más bien un poco de todas partes?
Y.R.: Más que de todas partes, no me siento de ninguna. Evidentemente me siento integrada en la cultura francesa porque hice todos mis estudios aquí y, sobre todo, el francés es mi lengua. Creo que en mi caso la verdadera patria es la lengua. Para la mayoría de la gente es la tierra, pero para mí no, en absoluto.
P.: Ahora que sus obras se representan o se leen en todo el mundo, ¿se pregunta al escribirlas si la entenderán igual fuera de Francia?
Y.R.: No, no, nunca he escrito para interesar o agradar a alguien más que a mí misma. Lo que sí hay es un afán personal de ir a lo esencial, a la preocupación existencial: qué es el hombre, cuál es el sentido de su vida, cuál es la identidad humana y cuál es su relación con el tiempo. Por eso me parecía interesante hablar de los actores, porque la relación de los actores con el tiempo es muy aguda.
P.: ¿En qué se diferencia de la del resto de las personas?
Y.R.: Los actores envejecen como seres humanos, pero los personajes no. Por ejemplo, cuando una actriz quiere interpretar a Nina en «La gaviota», sabe que tiene diez años para hacerlo, luego será demasiado tarde.El hecho de que los personajes sean eternos hace que el actor sienta de forma más violenta la condición humana, nuestra falta de eternidad. La relación con el tiempo es una cuestión que siempre me ha interesado, ya me la planteaba a los 18 años, por no decir a los 16.
P.: ¿Fue difícil volver a escribir después de «Art»?
Y.R.: Sí, muy difícil. Tardé cuatro o cinco años, el éxito fue desestabilizador. No llegaba a salir de esa obra, que por otra parte yo no consideraba la mejor de las que había escrito. La había terminado en un mes y medio y apenas si la había corregido. Necesitaba deshacerme de todo eso y la única forma era dejar pasar el tiempo. «Une pièce espagnole» también la he escrito rápido, aunque la he trabajado más, tres meses y medio. Creo que es mi mejor obra.




Dejá tu comentario