Inspirándose en
cuentos y
recuerdos
propios, Edgardo
González Amer
debuta como
director con el
deliberadamente
modesto, medido
y sin mayores
dramas «El
infinito sin
estrellas».
«El infinito sin estrellas» (Argentina, 2007, habl. en español). Guión y dir.: E. González Amer. Int.: V. Lorca, G. Cristando, I. Giachello, R. Pavón, K. Ca, M. Paolucci, M. Cabrera, H. Nesis.
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Tras haber aplicado un efectivo realismo mágico en el guión de «Arizona Sur», el escritor Edgardo González Amer, que ya hizo algunos cortos, da un paso más y asume también la dirección de un largometraje. Como quien se va probando de a poco en el oficio, lo suyo es deliberadamente pequeño, sin grandes pretensiones, sin tonos desmedidos y, por suerte, también sin mayores dramas, salvo para un gato que pasa a mejor vida gracias a unos tratamientos poco saludables.
El asunto se inspira en cuentos y recuerdos de infancia del propio González Amer, que además filmó en el mismo barrio de San Martín donde pasó su niñez. Pero no hay nostalgia en su mirada, ni, mucho menos, ensoñación. Por el contrario, al comienzo hasta pareciera coincidir con Alvaro Yunque, un hombre que no decía «qué mal viven los pobres», sino, peor aún, «qué mal viven los niños tristes, sean ricos o pobres» (baste recordar tres películas basadas en sus cuentos: «La madrastra», «Barcos de papel», y «Chiquilines»).
Todo es sufrimiento, fracasos, vergüenzas. Pero, sin cambiar demasiado el tono naturalista elegido, todo se va haciendo también más soportable. El niño que aquí vemos se siente mal con la madre costurera, ésta se siente mal con sus patrones, se pone a bordar mortajas, el pibe se asusta, cree que la casa se va a llenar de muertos, y justo ahí aparece el mundo de los niños: «Mi tía habla con los muertos, ella puede ayudarte», le dice todo contento un amiguito, y se van a ver una loca de aquellas. Y la compañerita, refiriéndose a un viejo barbudo, «¿Vieron que Papá Noel vive aquí a la vuelta? En serio, se sienta a la puerta en calzoncillos» (...) Si te animás a pedirle un deseo, te lo cumple. O te mata».
Señalables, las actuaciones de los chicos, de Valeria Lorca, Kita Ca (la dueña de estancia en «El perro», ahora componiendo una abuela muy dulce sin empalagar), Mónica Cabrera (la dueña de la mercería) y otros, incluyendo a Mario Paolucci (el abusador tranquilo) y el propio González Amer (el vecino que sale a los gritos a medio afeitar). Impagable, la escena donde la maestra analiza gramaticalmente la oración propuesta por el chico: «El gato colgado en el limonero no se muere».
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