8 de junio 2006 - 00:00

El pasado de Alemania más allá del nazismo

Berlín - El globo terráqueo de Hitler, en la que aparentemente se inspiró Charles Chaplin para «El gran dictador», quedó abollada en la parte que corresponde al Tercer Reich por un disparo de un soldado soviético. La tienda turca que el duque Friedrich von der Groeben se llevó como botín al final del asedio a Viena, en 1683, tiene aspecto acogedor. El bicornio que Napoleón olvidó en el campo de batalla de Waterloo en 1815 y unos soldados prusianos recogieron se conserva casi intacto. Como el cartel confeccionado por un manifestante en 1989 con la forma de Alemania y el lema de la revolución pacífica que llevó a la unidad alemana: Wir sind ein Volk (somos un pueblo). Estas son algunas de las ocho mil piezas que pueden verse en la exposición permanente del Museo Alemán de Historia de Berlín, inaugurada el viernes pasado por la canciller Angela Merkel después de dos décadas de gestación. La exposición es un repaso exhaustivo, a través de documentos auténticos, de la historia de los pueblos alemanes, desde la batalla de Teutoburgo, que en el año 9 después de Cristo enfrentó a las tribus germánicas lideradas por Arminio con los romanos, hasta la caída del Muro y la recuperación de la soberanía de la Alemania reunificada.

La exposición permanente recién inaugurada completa el Museo Alemán de Historia. Desde la inauguración en el 2003 de su nueva ala, proyectada por el arquiteco chino-estadounidense Ioeh Ming Pei, el museo acogió ya varias exposiciones temporales que recibieron un millón y medio de visitas.

El ex canciller democristiano Helmut Kohl lanzó la idea de un museo de historia en 1987, cuando había dos Alemanias. Pero el derrumbe del bloque soviético trastocó todos los planes. Con la reunificación y el posterior traslado de la capital a Berlín, las autoridades decidieron colocar el nuevo museo en la Zeughaus. Este edificio, construido entre 1695 y 1706 para albergar un arsenal, está en Unter den Linden, la arteria central del Berlín prusiano. Tras la Segunda Guerra Mundial el régimen comunista de la Alemania Oriental usó la Zeughaus como sede del Museo de Historia. Restaurado.

Es una exposición larga, no apta para quienes vayan con apuro. La historia se explica a través de los objetos cotidianos, de las armas, de los retratos de época o de documentos originales como la Biblia de Lutero o la mesa de trabajo de Hitler. El nacionalsocialismo y el holocausto están presentes, pero no son protagonistas. Esto sorprende en un país como Alemania, donde el volumen de libros, exposiciones, documentales y películas dedicados al nazismo es muy superior al de cualquier otro periodo.

Como ha observado el historiador y divulgador televisivo Guido Knopp, dos líneas de tensión recorren la historia de Alemania, un país que hasta 1871 no culminó su unidad: la oposición entre centro y perifera, todavía palpable en los debates sobre el sistema federal; y la situación geográfica en el centro de Europa, origen de guerras seculares y resuelta con el proceso de construcción europea. La profusión de piezas no alemanas - un retrato de Luis XIV, un busto de Franco...- abunda en la tesis de que la historia de Alemania es la historia de Europa, y viceversa.

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