El seguimiento de un hombre que se condena a sí mismo a mujeres
controladoras (en especial, su primera ex mujer) pudo ser más divertido
e incluso incisivo, pero ya es suficiente con el cuadro que presenta.
«El pasado» (Argentina-Brasil, 2007, habl. en español). Dir.: H. Babenco. Guión: H. Babenco, M. Goes, sobre novela de A. Pauls. Int.: G. García Bernal, A. Couceyro, M. Anghileri, A. Celentano, M. Ardú, M. Lubos, E. Cozarinsky, P. Autran, C. Tolcachir.
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Deberían dar esta película en los cursillos prematrimoniales. Porque ahí los novios creen que el amor es para siempre, y conviene advertirles que no, que en realidad algunas mujeres son para siempre, y no porque uno las quiera tanto, sino porque no hay cómo sacárselas de encima. La que acá vemos es un caso extremo: ella organiza hasta la separación del matrimonio, se entromete en la nueva vida del separado, lo controla, lo maneja, lo hace sentir en deuda permanente, le recrimina hasta cuando están de acuerdo, encima es cambiante, inoportuna, incansable, se cree por encima de todas las demás mujeres, es peor que una madre cargosa.
La novela original lo dice en dos líneas: ella ha heredado los vestidos de su suegra, que es como decir heredó la investidura. Y el otro es un inmaduro, que cuando se va, igual que el chico que se va de la casa materna, termina siempre enganchado con mujeres similares, claro que de variada especie, según las etapas que le toque vivir, en ninguna de las cuales termina de crecer. ¿Y cómo cree uno que va a terminar esta historia? Bueno, peor todavía.
Por suerte esas cosas sólo le pasan al personaje que está en la pantalla, y no al espectador, que es un piola bárbaro y sabrá quién manda en casa, pero, por las dudas, es mejor que cada uno vea la película por su cuenta. Puede haber lindas discusiones (o caras largas, de mujer ofendida) tras la proyección. Que pudo ser más divertida, eso es cierto, porque se oyen pocas risas en la sala, y algunas son de nervios, y pudo ser más incisiva, pero ya bastante con el cuadro que nos presenta, muy bien expuesto por Gael García Bernal, Analía Couceyro, Moro Anghileri (la celosa), Ana Celentano (la madre de su hijo), Mimí Ardú (la madura en actividad), y Marta Lubos (la ideóloga insidiosa), con participación especial de Alex Pauls (el padre aliado a la ex del hijo), el brasileño Paulo Autran (un conferencista gagá) y Edgardo Cozarinsky (un exacto señor Bonet), y con la envoltura musical, muy buena, de Iván Wyszogrod. Acaso la obra también pudo definir mejor la relación del personaje con el concepto de «pasado», según lo vive en cada instancia, y según se lo maneja la mujer con aviesa memoria. Eso está bien señalado en algunas de las 548 páginas de la novela, que tiene varias observaciones interesantes, pero también largasparrafadas que la adaptación expurgó debidamente. Un ejemplo, toda la parte donde el personaje va a comprar merca a la casa del proveedor (así es, le da a la blanca con tantas ganas que después le queda la mente en blanco, se olvida de ciertas cosas, y pierde el trabajo), se resuelve admirablemente en una sola y breve escena donde el otro lo atiende por la reja, sin dejar la mesa familiar (es un «careta» de orden inverso).
Otras partes, en cambio, provocan ciertas dudas, porque mantienen el tiempo retro de la novela, pero le agregan celulares, etc., haciendo sentir que todo transcurre en estos tiempos, lo cual desarma una de las excusas de conflicto: el reparto de fotos tras la separación. ¡Habiendo tantas casas de copiado inmediato!
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