18 de enero 2008 - 00:00

En el caso Gioconda subsisten enigmas

Se supo finalmente esta semana que Lisa di Antonmaria Gherardini es La Gioconda, pero eso no aclara su misterio.
Se supo finalmente esta semana que Lisa di Antonmaria Gherardini es La Gioconda, pero eso no aclara su misterio.
Unas notas al margen de un manuscrito descubierto en la ciudad alemana de Heidelberg han puesto fin a todo un conjunto de investigaciones académicas. Ahora sabemos, casi definitivamente, la identidad de la Mona Lisa. Se trata de Lisa di Antonmaria Gherardini, esposa de Francesco del Giocondo y, en la época en que Leonardo la conoció, la veinteañera madre florentina de tres niños.

En octubre de 1503, Agostino Vespucci, un amigo del artista, anotó en su ejemplar de las cartas de Cicerón el hecho de que Leonardo estaba trabajando en tres cuadros. Uno de ellos era un retrato de Lisa del Giocondo. Eso parece esclarecer la interrogante del nombre de la modelo. A los amantes de los misterios les placerá saber que el dato no esclarece todas las dudas sobre esta pintura famosamente enigmática.

Lisa del G. ha sido siempre la candidata favorita, y de ahí el nombre popular del cuadro. Giorgio Vasari (1511-1574), el padre de la historia del arte, así lo dio a entender en sus «Vidas de los artistas». Lo que enredó las cosas fue que en 1517 Leonardo, quien para entonces vivía en Francia, recibió la visita de un hombre llamado Antonio de Beatis, que también había de dejar algunas notas al respecto en su diario.

Leonardo le mostró tres cuadros, uno de los cuales suena muy parecido al de la Mona Lisa. De Beatis describió el sujeto de esta pintura como «una cierta dama florentina, hecho del natural, a instancias del extinto Magnífico Giuliano de Medici». Esto suscita algunas preguntas, suponiendo que De Beatis no malentendió la información que oyó.

Si este es un retrato de la esposa de Francesco del Giocondo, uno supondría que él lo encargó. Luego, ¿por qué tenía aún Leonardo el cuadro en su poder 14 años después? ¿Y por qué se lo pintó «a instancias» de Giuliano de Medici, el tercer hijo de Lorenzo el Magnífico, quien se hallaba exiliado de Florencia en 1503? Fue esto lo que dio lugar a las conjeturas. Quizás Vasari se equivocó, puesto que no da fuente alguna, escribía casi medio siglo después y obviamente no había visto nunca el retrato ya que no supo describirlo con acierto.

Pues bien, ahora sabemos que Vasari tenía toda la razón en cuanto al sujeto del cuadro, pero esas preguntas persisten. No es tan sorprendente que Francesco del Giocondo jamás recibiera el cuadro, aun si era el que lo encargó. Leonardo tenía muchas virtudes, pero la pronta entrega de las obras que le encargaban no era una de ellas. Por aquel entonces, el artista recibió una cuantiosa suma de dinero de la República Florentina para pintar un enorme mural de una batalla.

Leonardo empezó este proyecto con ahínco, y después se fue de la ciudad. Lo mismo puede haber sucedido con la Mona Lisa; Vasari dice que el artista dejó de trabajar en el retrato al cabo de cuatro años. Leonardo se puso a hacer otras cosas y Francesco del Giocondo, un próspero mercader, se quedó esperando el cuadro de su esposa. Luego, ¿qué tiene que ver en esto Giuliano de Medici? Fue uno de los mecenas de Leonardo en los años 1513-15. Pero obviamente el sujeto del cuadro no era, como se ha insinuado, una de sus amantes de aquellos tiempos.

Como ha apuntado el historiador Charles Nichol, Giuliano y Lisa tenían un vago parentesco por afinidad. Así que tal vez él exhortó a Leonardo -que era un hombre difícil de persuadir- a tomar la encomienda. Es posible que Giuliano vio más tarde este magnífico cuadro inconcluso, y alentó al artista a que lo terminara. En todo caso, él tampoco lo recibió, puesto que falleció en 1516.

Para entonces, como ha postulado Martin Kemp, experto en asuntos de Leonardo, el artista había plasmado en esta pintura muchas de sus ideas y descubrimientos sobre el mundo natural, lo que hace de ella mucho más que un simple retrato de una joven madre florentina. Es por ello que persiste la sensación de misterio aún ahora que sabemos definitivamente el nombre de la persona que posó para el retrato.

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