7 de agosto 2001 - 00:00

En show de Molina sobran invitados

El espectáculo que Horacio Molina preparó para celebrar sus 40 años como cantante profesional sufrió cambios sustanciales tras la muerte de Oscar Cardozo Ocampo, su amigo y director musical. Molina decidió no tener un grupo acompañante fijo sino muchos y variados invitados, con la guitarra de Jorge Giuliano como único respaldo instrumental en una parte del recital. Tal como se vio en la noche del estreno, esta nueva propuesta de Molina podría dividirse en tres partes.

En la primera, sólo con su guitarra, cantó dos tangos («Flor de lino» y «Malena»), el vals «Barrio de Belgrano» y la pieza «Mejor me voy» del uruguayo Eduardo Mateo, alguien que ha tenido mucho que ver con sus comienzos. En la segunda parte llegó la caravana de invitados que irán cambiando cada sábado.

En este caso fueron Sergio Mihanovich, Agustín Pereyra Lucena, la guitarrista Analía Rego, la bandoneonista Susana Ratcliff, la violinista suiza Annette Rüeg, Oscar Alem y Galo García. Ya cerca del final, Molina recobró el protagonismo y repasó otros clásicos de su repertorio, como «Qué me van a hablar de amor», «Fuimos», «Jacinto Chiclana», «Yuyo verde», «Malevaje» y «Candombe para Gardel», ahora con Giuliano en la guitarra. Y el cierre llegó con «El corazón al Sur» respaldado por el trío instrumental de mujeres.

El generoso espectáculo del cantante alcanza cómodamente las dos horas y, al haber tantos invitados, cada uno con bastante tiempo en escena, se pierde el clima que ha sido tradicionalmente su punto más fuerte, más allá de su voz, siempre impecable y expresiva. Seguramente buscó diluir su protagonismo, por la falta de Cardozo Ocampo y, por cierto, lo logró. Pero quizá debería replan-tear algo para que no se diluya también el show. En todo caso, a Molina le alcanzaría de sobra con su guitarra o con la de Giuliano y unos pocos invitados para sostener cualquier concierto.

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