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15 de octubre 2007 - 00:00

Erlich, más que trucos ingeniosos

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«La vereda», video instalación de grandes dimensiones a la que Leandro Erlich suma una compleja obra de ingeniería que genera espejismos y sitúa al espectador frente a un paisaje urbano.
Apenas queda una semana para ver la muestra de Leandro Erlich en la galería Ruth Benzacar que muchos consideran la mejor de esta temporada. Erlich presenta «El muro», la maqueta de un edificio, fotografías, y «La vereda», una inmensa y espectacular video instalación que tiene la dimensión de las obras que se exhiben en los grandes museos o bienales.

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A sus generosas proporciones, «La vereda», que cruza la galería con sus baldosones y un banco y su alcantarilla, suma una compleja obra de ingeniería que genera espejismos y sitúa al que la mira frente a un paisaje urbano. Pero lo valioso de la obra es que involucra al espectador, lo inserta en medio de la belleza y la poesía de una envolvente configuración artística. Con la habilidad de un ilusionista, Erlich ha creado provocativos simulacros. Una de sus primeras obras fue «Living room», donde el espectador observa a través de una ventana el perfecto duplicado de un living, cree estar frente a un espejo, y sólo advierte el «truco» porque falta el reflejo de sí mismo. «Lluvia», una ventana desde la que se observa una tormenta con rayos y truenos que parecen reales, expuesta en la Bienal del Whitney de 2000, significó el comienzo de una exitosa carrera internacional.

Luego, «La pileta» que simula estar llena pero que permite el acceso del espectador al interior, a un territorio fantástico con un techo de agua que refracta la luz, consolidó un estilo ingenioso, que depara sensaciones vívidas aunque engañosas.

En esta ocasión, Erlich trasciende el ingenio, su facultad para servirse del tificio, y utiliza su inventiva para llevar al espectador a una vereda cargada de nostalgia, donde los edificios se reflejan en el agua que corre hacia una alcantarilla. Al anochecer se encienden las luces y se ve gente en el interior de sus casas, y al amanecer, las ventanas se abren, hay pájaros que vuelan, faroles que se apagan mientras caen unas gotas de lluvia. El tiempo está trastocado, los días y las noches se suceden aceleradamente en la irrealidad que contrasta una visión habitual y cotidiana.

«Lo infra-ordinario» se titula el textode Georges Perec que acompaña el catálogo de esta muestra, y contribuye a aclarar el sentido de la obra. «Eso que pasa cada día y que se vuelve cada día banal, cotidiano, evidente, común, ordinario, infraordinario, ruido de fondo, habitual, ¿cómo dar cuenta de eso? ¿Cómo interrogarlo? ¿Cómo describirlo?».

Erlich tiene afinidades con el francés Perec (1936-1982), autor de una novela donde no aparece ni una sola vez la letra E, y otra en la que sólo usa la E como vocal. El riesgo de los trucos ingeniosos es que suelen dejar una sensación de vacío, pero en esta ocasión, con su melancólica vereda, el artista crea una ficción que no pierde su encanto al descubrir el artilugio.

A.M.Q.

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