José Padilha, director de «Tropa de élite», film coproducido por argentinos que hasta ahora es el más provocador de la Berlinale: está contado desde el punto de vista de un policía.
Berlin - «Para ser un policía honesto, en Brasil no queda otra que ser violento». El director José Padilha, que presentó ayer en la Berlinale su polémica producción «Tropa de élite», levantó un acalorado debate posterior a la proyección. Dicho de otra forma, su cine logró despabilar esa modorra estética y política que suele ser tradición en los festivales internacionales de los últimos tiempos.
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«Tropa de élite», el film más provocador visto hasta ahora en la Berlinale, tiene detrás a este director joven cuyo único antecedente en el cine era un documental llamado «Bus 174», y que ahora la emprendió con un tema muy tratado por el cine, el de la corrupción policial, aunque de una manera novedosa. «Si uno mira el cine de otros países, especialmente el norteamericano, los policías son siempre personajes importantes en un film, ya sea como protagonistas o como secundarios. En Brasil no: si uno se pone a revisar el cine de mi país, no hay ni una sola película que lleve policías como protagonistas».
Pero Padilha no sólo ha llevado la policía al primer plano de la pantalla brasileña, sino que con esta película, que fue un boom de recaudación a fines del año pasado en las principales ciudades de Brasil, le otorga el punto de vista del relato a un policía.
«Hay algo realmente curioso: si un film asume el punto de vista de los marginados y oprimidos, como gran parte del ultimo cine en Brasil, su director es inmediatamente calificado de izquierdista. Pero si una película asume el punto de vista policial te acusan de inmediato de derechista. Y a mí eso no me interesa. Pensar el cine en términos de derecha e izquierda es levantar un muro que no deja mirar a un lado o al otro. Y yo estoy contra los muros, algo que los habitantes de esta ciudad entienden muy bien», ironizó Padilha.
«Tropa de élite», filmada con cámara nerviosa y firme, no tiene el aspecto de superproducción pero es uno de los títulos de mayor participación internacional hechos en el Brasil. Producida por la Weinstein Company de los EE.UU. y Costa Films de la Argentina (el sello de Eduardo Costantini Jr. que se creó hace dos años), según su director llegó de casualidad a ser financiada por los Estados Unidos. «Fue todo el resultado de una filtración. Yo había enviado una copia del primer guión a un par de empresas norteamericanas, con el solo fin de obtener facilidades técnicas, pero se filtró y llegó a manos de varios estudios de cine. Y, sorprendentemente, hubo una pequeña guerra de ofertas que ganaron los Weinstein», dijo.
En una línea que entronca con el cine de ficción de apariencia documentalista, como el de Gillo Pontecorvo en los 60, «Tropa de élite» iba a ser originalmente un documental. «Pasé dos años y medio investigando el tema de la corrupción policial en las favelas y la relación entre los narcotraficantes y la policía, hasta que me di cuenta de que si quería seguir vivo era preferible hacer una película de ficción», dijo sin demasiada ironía.
De acuerdo con Padilha, la mayor parte de las favelas en Rio son controladas por los narcotraficantes, y una pequeña porción de ellas están bajo el con trol de la policía. Los protagonistas de « Tropa de élite» no pertenecen al cuerpo policial convencional sino a la BOP, un escuadrón duro encargado también del control de la policía «convencional».
Padilha habla con toda claridad: «Ser policía convencional en Brasil es sinónimo de corrupción. El mismo sistema no permite otra cosa. Aquellos que quieren correrse de eso, en especial los más jóvenes, ingresan en la BOP. Pero hay algo inevitable: quien quiera ser honesto sólo tiene dos caminos: o bien convertirse en violento, o bien salir de la calle e ir a trabajar en un escritorio», sostuvo.
«Hay cosas que todo el mundo sabe pero que rara vez se filman», agregó. «Todos saben acerca del poder de los jefes del narcotráfico, uno de los cuales este año llegó a tener hasta una comparsa propia en el carnaval. Saben que tienen comprada a la policía convencional, saben que queman gente en buses o les roden el cuerpo con neumáticos para quemarla, que matan sin ningún problema, pero cuando se expone el tema en la pantalla, sin mediaciones, produce reacciones encontradas. Mi propósito fue reproducir esa realidad tal cual es, y la única forma posible que hallé fue la de darle el punto de vista a uno de estos policías violentos, no corruptos o aún no corruptos, en el trance de enfrentar esa realidad».
Técnicamente, la película también evoca ciertas técnicas de Pontecorvo, y Padilha lo refuerza cuando dice: «No quería escenas prolijas, en el peor sentido que tiene esta palabra. El documental capta una realidad que está allí y que no 'actúa' para la cámara. De modo que a los actores, por ejemplo, les di plena libertad de movimiento en el cuadro. Así, la cámara estuvo obligada a seguir al protagonista de la escena y no al revés».
Todavía restan varios días de festival, y si bien otros títulos podrían llegar a sorprender (además de la ya vista «Elegía» de Isabel Coixet, sobre la que se hablará después), la presencia de Costa-Gavras como presidente del jurado le da una carga suplementaria de posibilidades a la única representante de América Latina en la competencia.
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