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16 de octubre 2008 - 00:00

Flores y Carmona: sólo un buen dúo de solistas

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Rosario Flores y Antonio Carmona, sobre el final, con Diego Torres como invitado. Un recital magnífico, pero donde ambos cantaron por su lado, como solistas.
«Parte de nosotros». Actuación de Rosario Flores (voz) y Antonio Carmona (voz, guitarra, cajón). Con Fernando Illán Presa (bajo), José M. Cortina (teclados) y otros. (Gran Rex; 14 de octubre; repite el 17/10 en el Orfeo de Córdoba).

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Más allá de un lejano parentesco político, a Rosario Flores y Antonio Carmona los unen muchas cosas. Forman parte de una misma generación de artistas que decidieron tomar la tradición de la canción española y del flamenco, y reformularla desde el negocio de la música que, desde hace ya años, suena a pop. Carmona, hijo del guitarrista Juan El Habichuela, tiene 43 años, nació en Granada y vive en Madrid, y fue creador y parte fundamental del grupo Ketama. Rosario, 45 años, es madrileña, hija de Lola Flores y de Antonio González «El pescaílla», hermana de Lolita y del fallecido Antonio Flores, y sobrina de Carmen que por estos días también estuvo en el Gran Rex.

El título del show hacía suponer que estos dos artistas ofrecerían un espectáculo conjunto. Pero, sobre el escenario del Gran Rex -que otra vez, resultó desproporcionadamente grande para un concierto en mitad de semana-, los españoles prefirieron hacer cada uno lo suyo y sólo compartir banda y coristas.

En sus once canciones, Carmona hizo unas cuantas de su disco solista y otras de la épocade Ketama. Algo más de una docena de piezas luego para Rosario («Algo contigo», «Cómo me maravillaría yo», «Por tu ausencia», «Te quiero, te quiero» y unos pocos hits de su discografía). En el final -formalmente, tiempo de bises- hubo un pequeño momento compartido; y hasta convocaron a Diego Torres para hacer «Lucía» de Serrat en una versión que ya ni respeta la melodía.

Las dos mitades fueron potentes, rotundas, con artistas que conocen su oficio, con dos solistas que saben moverse sobre el escenario y seducir al público. Carmona lució su voz ronca y gitana. Rosario apabulló con sus movimientos, su despliegue escénico y su voz desgarrada. Y el concierto fue generoso en cantidad de temas y en el modo en que se prodigaron los artistas. Fue una pena, de todos modos, que no se hubieran dado más espacio para el concierto conjunto; eso hubiera permitido encontrarse con una sorpresa que finalmente no hubo.

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