El cuarto film
de Mariano
Galperín
muestra la
madurez de
un director
que, aunque
personal, no
busca más
que ejercitar
su capacidad
narrativa y
entretener.
«Futuro perfecto» (Argentina-Uruguay, 2007, habl. en español). Dir.: M. Galperín. Guión: M. Galperín, M. Greco. Int.: G. Pfening, S. Borensztein, P. Ini, L. Oviedo.
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Siguiendo las máximas de un buen cuento, «Futuro perfecto», cuarto film de Mariano Galperín, es atendiblemente breve, de pocos personajes, unos recursos infrecuentes puestos como algo de todos los días, un par de vueltas inesperadas, un desenlace que sorprende. También sorprende la caracterización de Sebastián Borensztein como el malo de la película. Y no debería sorprender la mano que está alcanzando el director.
Galperín es un todoterreno en el campo de la fotografía artística, la fotografía de modas, las tapas de discos, y la realización de videoclips, y se está haciendo un lugarcito como cineasta personal. Sin ser del todo logrados, sus tres films anteriores («1000 boomerangs», «Chicos ricos», «El delantal de Lili») supieron ostentar ingenio y capacidad de riesgo. El de ahora, con esas mismas condiciones, se muestra casi a punto, y, si no trasciende más, es simplemente porque no le interesa.
El autor solo quiso ejercitar un poco su capacidad narrativa, entretener al auditorio, y punto. Para ello, le bastó ilustrar con encuadres inhabituales, música inquietante, y colores incómodos, la anécdota de un tipo medio blando que un día de invierno llega hasta Punta del Este para vender un departamento y se encuentra con dos amigotes de otra época, bastante pesados. Los tipos aparecen recién a la media hora de película, pero todo lo anterior ya estaba anticipando la posibilidad de algo raro. Muy interesante, en ese sentido, el viaje del protagonista, desde que entra en la bodega vacía del barco, con la huella de una mano en un vidrio, y, más tarde, la espuma que cubre todo el borde del mar en la costa. Después, en la última media hora, uno pensará que casi todo el asunto es pura espuma (la agresividad de los tipos, los gestos histéricos de la mujer que va a comprar el departamento, una canilla que gotea, y quizá también una borrachera, y unas trompadas), pero, al momento de resolver las cosas, debajo de la espuma está el mar de los recuerdos, que se mezcla con el presente, se pone bravo, no deja hacer pie, y obliga a enfrentarlo, hasta hacer las paces con él, dejarse arrastrar, o volver a casa. Si es posible, con un suéter de marca para la esposa (un pedido que resulta todavía más difícil que sacarse a los dos pesados de encima).
En resumen, se pasa el rato, se aprecia el avance del director, que también hace la fotografía, y se sale sin mayores quejas. Coguionista, Martín Greco, el de la comedia «El favor». Música, imprescindible en este caso, Daniel Melingo, que ya había participado en «El delantal de Lili».
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