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10 de marzo 2008 - 00:00

Hasta u$s 40.000 cotiza hoy una obra de Malanca

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«La estancita», una de las bellas pinturas de José Malanca, que contribuyó desde Córdoba con el arte de los argentinos.
Sin duda el paisaje de Córdoba tiene en José Malanca a su mejor representante, que pintó sus sierras con tal realismo y fidelidad que observando sus obras nos sentimos como si estuviéramos frente a ellas. Es el artista cordobés por excelencia: las colecciones de Córdoba tienen en Malanca a un artista indispensable, y en ninguna de ellas falta alguna de sus grandes creaciones.

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Hombre emblema de la provincia mediterránea, Malanca pintaba al aire libre y le gustaba viajar; no sólo recorrió toda la provincia de Córdoba sino también desde Bariloche a Purmamarca. También son muy demandadas sus obras peruanas, sobre todo las realizadas en Cuzco. Trabajó y pintó también en México y en las provincias vecinas a su Córdoba natal, como Catamarca y San Luis. Con fuertes cargas de pintura, trabajaba con pincel.

  • Buenos Aires

  • Aproximadamente 40 de sus obras son ofrecidas en el mercado todos los años en Buenos Aires. Sus valores fluctúan entre los 40.000 dólares y 2.000 dólares para los óleos más pequeños de 40 x 50 centímetros.

    Hijo de inmigrantes italianos, Malanca nació el 10 de diciembre de 1897 en San Vicente, un barrio de la ciudad de Córdoba. A los 19 años ingresó a la Academia Provincial de Bellas Artes, dirigida por el pintor Emiliano Gómez Clara. En 1923 viajó a Europa, gracias a la generosidad de tres de sus colegas: Antonio Pedone, Francisco Vidal y Héctor Valazza, quienes ganaron una beca para estudiar en Europa y decidieron compartir el monto de tres entre cuatro.

    Malanca trabajó en Segovia y en Avila y luego en el norte de Italia, donde conoció la obra de Giovanni Segantini, el creador del divisionismo (un movimiento contemporáneo a los macchiaioli e impresionistas), quien influirá notablemente en sus primeras obras de la década del 20. Luego de tres años regresó a Córdoba y el gobierno de la provincia le otorgó una beca para perfeccionamientoen el exterior.

    Esta vez Malanca eligió recorrer América, y lo hizo de «punta a punta», desde la Argentina a Estados Unidos. En 1937 cumplió su sueño: comprar tierras para trabajarlas él mismo y construir su hogar. Nació así «La Estancita», ubicada en un paraje cercano a Río Ceballos, que se convirtió en su refugio predilecto, donde le gustaba recluirse a la vuelta de sus expediciones pictóricas.

    En las sierras y arroyos de los alrededores encontró innumerables motivos para sus obras, que pintaba con colores puros, trazo firme, construcción sólida, generosos empastes de materia espesa y densa y en las cuales se refleja la luminosidad de sus cielos diáfanos. En 1967 realizó la que sería su última exposición, en Villa Carlos Paz. Buscando nuevos paisajes emprendió un viaje a las provincias de Catamarca y La Rioja, donde la muerte lo sorprendió a los 69 años, en un pequeño rancho de la localidad de Angulos, La Rioja, el 31 de julio.

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