16 de enero 2008 - 00:00

Hemingway: cuentos que rezuman talento

Hemingway: cuentos que rezuman talento
Ernest Hemingway Cuentos. Editorial Lumen. Buenos Aires, 2007. 596 págs.

En 1954, Hemingway obtuvo el Premio Nobel de Literatura no sólo por su maestría como narrador, sino también por su extraordinario conocimiento y dominio de ciertas técnicas de escritura que renovarían el género. Su famosa «Teoría del Iceberg» (donde explica que una buena historia se escribe ocultando todo lo que uno sabe) y otros consejos difundidos a través de una histórica entrevista que publicó «Paris Review» en 1958, siguen siendo palabra santa para cualquier escritor.

Hoy, Hemingway es más valorado por sus cuentos que por sus novelas. En ellas, tiende a diluirse esa obsesión del autor por extraer la verdad de cada situación a través de un punto de vista «objetivo».

En «Mi Hemingway personal», el texto de 1981 que, en esta edición en español, reemplaza el prólogo del mismo Hemingway para el lanzamiento de estos cuentos en 1939, Gabriel García Márquez opina que «Sus novelas parecen cuentos desmedidos a los que les sobran demasiadas cosas». En cambio, lo mejor de sus cuentos «es la impresión que causan de que algo les quedó faltando.» García Márquez brinda un interesante retrato de su admirado Hemingway, analiza someramente su obra, relata algunas anécdotas y, por último, recomienda los cuentos «Gato bajo la lluvia», «Los asesinos», «Diez indios» y «Hoy es viernes».

Son relatos austeros, cargados de tensión y que dejan una marcada inquietud en el lector debido a sus finales abiertos y a cierta atmósfera de decepción, crisis moral, fracaso y nostalgia que, en mayor o menor grado, está presente en todas sus historias. En esta valiosa colección aparecen todos los tópicos del escritor: corridas de toros, partidas de caza y las consabidas experiencias bélicas que vivió en Europa.

También se incluyen varios cuentos de la serie Nick Adams, alter ego del autor que le permite evocar algunos episodios de su adolescencia y juventud, partiendo de un estado preadánico de total armonía con la naturaleza y desconocimiento de la muerte, hasta la abrupta pérdida de la inocencia, la iniciación sexual sin amor y la entrada al mundo adulto concebida como una constante lucha contra la muerte y el vacío existencial.

Hay dos relatos extensos, «La breve vida feliz de Francis Macomber» y el aún más célebre «Las nieves del Kilimanjaro», que ratifican por sí solos el talento del escritor. Ambos transcurren en Africa y tienen la virtud de combinar el vértigo y la tensión de un thriller con otras preocupaciones de Hemingway, bastante más abismales, como su permanente desvelo ante la muerte, la decadencia física y la paralización creativa.

Patricia Espinosa

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