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6 de mayo 2009 - 19:24

Hielos Míticos

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«Hielos míticos» combina adecuadamente la historia del general Hernán Pujato y otros pioneros de la exploración con la de la presencia argentina en la Antártida y la del último viaje del rompehielos Alte. Irízar.
«Nadie quiere lo que no conoce, nadie defiende lo que no ama, nadie da lo que no tiene», dijo a los medios el capitán de fragata Guillermo Tarapow, frente al siniestrado rompehielos «Alte. Irízar». «Nosotros lo defendimos, porque también lo amamos y todos lo que están aquí, cualquiera de los presentes, tuvo lo propio para ganarle al fuego y sacar ese 85 por ciento que pudimos rescatar». La película que ahora vemos registra, precisamente, el último viaje de ese barco, incendiado en abril del 2007, apenas vuelto de la campaña antártica. Pero no es ésa la única historia.

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Se combinan aquí, adecuadamente, dos relatos. Uno, el de la recorrida por las bases, con esos paisajes inmensos, bellísimos, ventosos, y los hombres y mujeres que allí están destinados: científicos, guardaparques, técnicos, maestra, locutora de radio en onda corta (la LR 36 Arcángel San Gabriel), en fin, sus actividades, también sus distracciones. Tocante, el saludo de despedida de la nave, que deja a esa gente sola, esperando el invierno polar. Un saludo como de quien se va hasta la esquina, restando importancia, o mejor dicho escondiendo emoción, y un «Viva la Patria» seco, tranquilo, sin bravuconadas.

¿Qué los empuja a semejante aventura? ¿Cómo empezó tamaña gesta, que hoy nos da cartas para el futuro? Ahí es donde entra, naturalmente, el otro relato, condensado en la historia parcial de uno de sus mayores pioneros, hoy casi olvidado, el general entrerriano Hernán Pujato. Dos de sus hombres, el hijo del capitán que lo llevó por primera vez hasta los hielos, y dos investigadores, evocan su esfuerzo, ilustrado por noticieros de la época que son verdaderas perlas. Él estableció la base San Martín, primer asentamiento humano al sur del Círculo Polar Antártico, alcanzó para el país la costa sur del Mar de Weddell y ahí fundó la Belgrano, creó el Instituto Antártico Argentino, luchó hasta conseguir el primer rompehielos nacional, impulsó la ciencia, hablaba de llevar familias y turistas, se costeaba por su cuenta los equipos.

Perón lo apoyó. Luego, por celos y/o por internas, la Libertadora cajoneó sus descubrimientos y le puso reemplazante. Pujato pidió el retiro. El documental no lo dice, pero murió con lo puesto. «Ni él ni yo teníamos color político. Fuimos, cumplimos con nuestra misión, volvimos. Nada pedimos, nada nos dieron», define su colaborador, el andinista Jorge Mottet.

Hubo también, lógicamente, otros hombres generosos. Notable, por ejemplo, un documento que aparece en la película, referido al barco solicitado para el primer viaje: «Dados sus altos propósitos (.) la Compañía Naviera Pérez-Companc no desea formular presupuesto alguno». Le cedieron el barco gratis. Era otra época, y era otra gente (pero el molde todavía no se rompió, cabe suponer). En síntesis, un documental bien recomendable. Incluso se lamenta que dure apenas 75 minutos.

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