Nunca se tendrá una dimensión exacta de cuánto se distingue la cultura japonesa de la Occidental. Ayer, durante la conferencia de prensa que ofreció en Tokio tras recibir el Praemium Imperiale, Daniel Barenboim tuvo una prueba más de ello. Barenboim se dirigía al auditorio en inglés, con una excelente traductora al japonés a su lado, que no perdía palabra de lo que éste decía. En un momento dado, el músico pronunció la palabra «inspiration» (inspiración), pero la traductora la repitió en inglés. Barenboim, sorprendido, se volvió hacia ella y le preguntó por qué no la traducía, y la mujer le respondió: «Porque en japonés no existe ni el concepto ni la palabra 'inspiración', por eso tengo que decirla en inglés'».
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