Quien haya visto películas de Richard Linklater, ya sabe que en ellas lo principal, casi excluyente, es lo que dicen sus personajes. Además de buenas películas, «Antes del amanecer» y su secuela, «Antes del atardecer» son los mejores ejemplos de esta particularidad. En ambas, la misma pareja, que se encuentra en diferentes décadas, no hace más que hablar, y así y todo, interesaron a una buena cantidad de espectadores argentinos. «Tape» no se estrenó comercialmente, y acaso, por una vez, los distribuidores no se hayan equivocado del todo. No es que sea una mala película, al contrario, pero (al igual que «Despertar a la vida», una rareza en la que Linklater hizo uno de los primeros trabajos de animación sobre los actores, entre ellos Ethan Hawke, infaltable en una obra de este director,) posiblemente se trate de uno de esos films destinados a convertirse en eso que suele llamarse «de culto».
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Para empezar, «Tape» no oculta en ningún momento que parte directamente de una obra teatral de Stephen Belber, adaptada por su autor. Se diría que subraya su carácter teatral; tres personajes, un mismo escenario (el cuarto de un hotel), nada de «aire» y muchas palabras. Buena parte del film se lo lleva el enfrentamiento de dos viejos amigos muy diferentes: Vince ( Hawke) es bombero, pero también un tiro al aire que se gana la vida vendiendo drogas, y viajó a ese pueblo de Michigan para asistir a la proyección de la ópera prima de Jon, un cineasta « independiente» presuntuoso y moralista, que éticamente termina no siendo lo que dice ser, ni mucho menos.
El motivo de la discusión es Amy, una ex novia de Vince que vive en ese pueblo y sobre la que Jon tiene algo muy pesado que ocultar. La aparición de Amy (Uma Thurman) redondea el duelo verbal, esta vez de a tres. Todo lo que se dice en ese cuarto es de un realismo estremecedor, no sólo por el tema que se trata (y donde una cinta grabada tiene su importancia, de ahí el título «Tape»), sino por lo que cada frase, cada gesto y hasta la respiración de los actores revela de los personajes.
El único lunar es una cámara que en los momentos más ríspidos pasa vertiginosamente de un actor a otro y que, aunque cumpla como recurso, llega a desesperar. Nan Giménez
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