29 de mayo 2006 - 00:00

La demanda frenética es un fenómeno mundial

«Los músicos» deFernando Botero se vendióen Nueva York a 2.032.000dólares; claro que por unaobra del ilustradornorteamericano NormanRockwell se pagaron 9millones.
«Los músicos» de Fernando Botero se vendió en Nueva York a 2.032.000 dólares; claro que por una obra del ilustrador norteamericano Norman Rockwell se pagaron 9 millones.
En Nueva York acaba de terminar una intensa semana de remates donde las denominadas ventas de arte latinoamericano han superado su volumen promedio de ventas y han consagrado al arte mexicano con Kahlo (que batió su propio récord), Rivera y Tamayo, y a Wilfredo Lam y Fernando Botero como otras importantes figuras del mercado.

El cubano Wilfredo Lam siempre tuvo buena aceptación en Paris donde se encuentran las mejores de sus obras, y es la década del cuarenta la más demandada, ya que su obra más emblemática, «La Jungla», que se encuentra en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, es de 1943.

Cuando Christie's tasó una témpera para su venta el pasado martes en medio millón de dolares sabía que estaba ante una pieza única, pero nunca pensó que se pujaría hasta llevarla a más de 1,3 millones de dólares. Más confianza tenían en el estupendo Botero «Los músicos», que había sido tapa del catálogo de la venta hace 23 años en la casa colega Sotheby's, Esta obra emblemática realizada en 1979 (una de las décadas más creativa del colombiano) fue reproducida y expuesta en numerosas muestras comenzando por la consagratoria del artista realizada en Washington ese mismo año. De buen tamaño 220 x 190 cm., se suponía que sería un gran precio, pero nunca se esperaron los más de dos millones de dólares que se obtuvo por ella. Normalmente en estas subastas se recaudan unos diez millones de dólares, pero en este caso fue 62 por ciento más.

También se vieron récords en la subasta de pintura norteamericana. Por el mejor ilustrador del siglo XX en EE.UU., el recordado Norman Rockwell fallecido en 1978, se llegaron a pagar nueve millones de dólares por una de sus humorísticas obras. Por un óleo del post impresionista Childe Hassan se pagaron tres millones y por el contemporáneo realista Andrew Wyeth se pagaron mas de cuatro millones de dólares.

El fenómeno de la demanda frenética no reconoce fronteras. Las ferias de arte no escapan él. Ellas son sin duda una forma de venta y promoción adecuada, pero con el tiempo se fue tratando de presentarlas como un fenómeno cultural más que comercial y generalmente se equivoca el rumbo.

Nuestro arte está bien lejos del mundanal ruido en materia de precios. En las mismas subastas donde se pagan millones se vende un Aizenberg en 30.000 dólares, un Xul Solar por 24.000 o Bonevardi por 20.000. Sin embargo, no debemos considerarnos disminuidos, simplemente pensemos que con esta brecha gigantesca algunos tomarán la decision de comprar arte y otros preferirán consumir o invertir en otros bienes. Dentro de unos años veremos quién acertó.

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