La "Festa" de Roma define objetivos más allá del cine

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Roma - «Roma, non fa la stupida stassera»: la canción que interpretaba Adriano Celentano planea, como motivo y consigna, sobre la realización de esta segunda Festa (aún no se atreven a denominarlo «festival») del cine en Roma. Para los romanos, el momento del cine es ahora o nunca, y aparentemente no están dispuestos a dejarlo pasar.

La alcaldía de Walter Veltroni lanzó, por primera vez el año pasado, esta nueva pieza de agenda en el schedule mundial de los festivales de cine, y no para destronar el reinado de Venecia (como se dijo en un primer momento) sino más bien, más astutamente quizá, para concentrar un foro cultural y económico a la vez a nivel continental.

El objetivo, dicen algunos, es establecer un punto de intercambio paneuropeo que prescinda de mercados americanos (como el American Film Market o el Festival de Toronto, que acaba de finalizar): «Este festival todavía no tiene mucha entidad, no se sabe bien a quién apunta, si al público en general, a los jóvenes cinéfilos o vaya a saber a quién, pero hay algo cierto» -comentaba un productor francés en el roof garden del Hotel Bernini-, «era absurdo que la gente europea de la industria tuviera que cruzar el Atlántico para hacer negocios entre sí».

Tambien en el Bernini dialogamos con Alfredo Federico, que viajó a Roma en representacion de la flamante productora panamericana que Eduardo Costantini Jr. fundó el año pasado con el grupo Weinstein de los Estados Unidos. Todavía sorprendido con el éxito rotundo que está teniendo en Brasil el primer producto de esta sociedad, «Tropa de elite» (aquel film del que se ocupó hace dos semanas este diario, y que tiene la rara particularidad de que una parte del público aplaude las escenas en que la policía tortura a narcotraficantes), Federico dijo a este diario: «Todavía no hay nada concreto, pero tenemos la intención de sumar a Europa, Italia en este caso, a nuestros futuros proyectos de coproducción. Tenemos la percepción de que el cine italiano está decidido a recobrar el lugar que tuvo alguna vez en el mundo, y reacomodándose a las nuevas leyes de juego, que son ineludiblemente las de las producciones multinacionales. A eso hemos venido, y las charlas van bien encaminadas».

Este año, en cuanto a cantidad de estrellas, la convocatoria mundial no tuvo el mismo resplandor que el año pasado, aunque se hayan dado cita pesos pesados (en la cinefilia, no en las ventas) como Martin Scorsese, Robert Redford y Francis Ford Coppola, que presenta su última -y elogiada-película «Youth before Youth». A propósito de Coppola: el director del INCAA Jorge Alvarez lo puso al tanto de las investigaciones que se están llevando a cabo en la Argentina para recuperar sus «piezas de guión» robadas. En una conversación con este diario, Alvarez dijo que « Coppola estaba mucho más sereno, y que este lamentable episodiono va a alterar sus planes de filmación en nuestro país».

Un poco más confidencialmente todavía, siguió Alvarez: «Coppola me pidio que le sugiriera un abogado, un contador... y una actriz para su película, porque él había elegido a Paola Krum, que está embarazada y no va a poder filmar. El abogado y el contador... ya los eligió de una lista que le di. Pero, lo mejor, es que ¡aceptó a la actriz!». Eso sí, no quiso revelar el nombre por el momento.

Divas de Roma son, hasta ahora, Monica Bellucci ( aunque no gustó, nada, la larguísima nueva versión de «El último suspiro» que protagoniza) y Cate Blanchett, que volvió a enfundarse en el ajustado ropaje de la reina Elizabeth I que la lanzó al estrellato. Interesante, pero poco novedoso. Hasta ahora, indudablemente, las palmas se las lleva Coppola con este rinascimento cinematográfico que es «Youth...» (en donde Bruno Ganz tiene un papel crucial), después de muchos años de bon vivant y sin mayores esfuerzos en los sets.

«Hollywood en el Tiber»: de esta manera saludan los romanos la realización de su Festival, que si bien aún no tiene un mercado de peso (la Business Street, con su bunker en el legendario Hotel Excelsior sobre Via Veneto, donde confluyen 500 profesionanales de la industria, en representacion de poco más de 200 empresas cinematográficas, es apenas un pálido reflejo de lo que es el sector del Mercado en Cannes, Venecia o Berlín.

«Tiempo al tiempo», decían por ahí. «La Fiesta de Roma viene a ocupar el lugar que dejó vacante el Mifed de Milan, que desaparecio en 2005, y como festival de cine se alinea en ese espacio que hoy representan Rotterdam o Toronto. A eso apunta». De hecho, si algo falta es grandilocuencia: el jurado está presidido por un cineasta reconocido, el bosnio Danis Tanovic, aunque sus integrantes no son celebridades sino (casi al estilo de un tribunal norteamericano), la voz del pueblo: 50 ciudadanos elegidos al azar.

También hay selectividad y poco engolosinamiento por la cantidad de material: son 167 películas las participantes, de las cuales las de la selección oficial son siempre las más difíciles de obtener si se pretende exclusividad (y Roma la quiere) en un calendario mundial son sobrepoblación de festivales. Se espera con ansiedad, por caso, la proyección del nuevo film de Sean Penn, «In the Wild», que sumado al de Coppola puede ser tambien una de las vedettes de la muestra. La participacion argentina está dada (aunque se trate de una coproducción) con el film de Héctor Babenco, «El pasado», con Gael García Bernal (se verá el jueves).

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