8 de octubre 2007 - 00:00
"La naturaleza crea buenos culebrones"
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Los
camarógrafos
de «Planet
Earth» junto a
algunas de las
estrellas de sus
filmaciones:
«nuestros
actores suelen
ser
incontrolables»,
dicen los
productores.
S.T.: Otras películas muestran toda la cacería y también el almuerzo. Allá ellas y su público, que lo disfruten.
A.F.: Nosotros queríamos hacer el retrato completo del planeta, y para ello una osa, una elefanta, y una ballena, cada cual con su cría, además de cubrir espacios muy diferentes, eran personajes claves. Para hablar del recalentamiento global, ninguna imagen mejor que la del oso macho tratando de apoyarse en un casquete que se derrite. Para hablar de la creciente falta de agua, la caravana de elefantes cruzando el desierto de polvo en busca del lago que está cada vez más chico. Y para hablar de la polución, la ballena que cruza todo el océano, y necesita que esté limpio.
A.T.: «Earth» no es sólo malas noticias. Este mensaje celebra lo que todavía nos queda. Seguro que contribuirá a la conciencia sobre la fragilidad del planeta, pero el cine también tiene que ser entretenimiento y evasión. La gente debe querer viajar con nosotros 99 minutos.
S.T.: Es cierto, pudimos ser duros, como los de «Una verdad inconveniente» de Al Gore. Pero las alarmas, y las sugerencias, las tendremos desde octubre en nuestro sitio web. La película es celebración, es la naturaleza totalmente natural.
P.: A propósito, ¿qué tan naturales son las tomas del paso de las estaciones en las hojas de los árboles de Vermont?
Mark Linfield (codirector): Todos los colores son ciertos. Filmamos en verano, luego filmamos exactamente en el mismo sitio en otoño, e hicimos un fundido. Es todo transformación natural, igual que los planos de los cerezos en Japón. Pero, bien, después usamos por computadora un control de movimiento de las hojas, para que el fundido sea más armónico.
A.F.: También lo usamos para las tomas del paso del sol a lo largo del día, y para estabilizar las imágenes tomadasdesde un avión, cuandoseguimos a las grullas damisela cruzando el Himalaya, o mostramos las nubes que van formando el ojo de un huracán. Ese proceso de estabilización posterior nos llevó años.
P.: ¿Con qué cámaras lograron filmar tan detenidamente al tiburón blanco saltando del agua, o al chita persiguiendo al venado?
M.L.: Con una HD de super-alta velocidad, a 1000 imágenes por segundo, lo que permite un gran ralentado. Si quiere hacer lo mismo en 35 mm., el chasis de película se termina a la mitad del salto. Pero también usamos 35 en otras escenas. Y una cosa única: el cineflex, que permite un giro de hasta 360 grados. Hay que elogiar las cámaras digitales, cada vez más chicas, de calidad cercana a la de 35, y mucha sensibilidad (así filmamos la pelea nocturna de elefantes y leones). Nada de esto había hace diez años. Me admira lo que hacían nuestros antecesores, como Jacques Cousteau y David Attenborough, a quien seguimos de chicos y con quien tuvimos luego el placer de trabajar. Y me admira toda la tecnología que impulsó Jacques Perrin con «Microcosmos» y «Le peuple migrateur».
A.F.: Hablando de « Microcosmos», yo ahora quisiera seguir algo más chico que una ballena. Pero le sintetizo lo de las cámaras. La de 35 mm. es para actuaciones clásicas, controladas, como en una película de Hollywood. Y nuestros actores suelen ser incontrolables. Eso es todo.




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