8 de febrero 2001 - 00:00

Los entresijos del rock de los '70 en estupendo film

El film de Cameron Crowe
El film de Cameron Crowe
«Casi famosos» («Almost Famous», Estados Unidos, 2000, habl. en inglés). Dir.: Cameron Crowe. Int.: Patrick Fugit, Kate Hudson, Frances McDormand, Jason Lee, Philip Seymour Hoffman. Billy Crudup, Fairuza Balk, Anna Paquin.


El despertar sexual de un adolescente, la decadencia y los excesos del pop hacia 1971, el periodismo, la mística que rodea al rock & roll, el desencanto que suele provocar adentrarse en esa mística y las relaciones familiares son algunos de los temas que abarca «Casi famosos».

La nueva película de Cameron Crowe es divertida, inteligente, sumamente auténtica y creíble, y se acerca como pocas a la esencia de un momento de inflexión muy importante en la historia del rock, la era en la que el sueño hippie empezaba a reducirse a un negocio como cualquier otro. Pero, por sobre todo, «Casi famosos» es una película profunda, verdadera, importante de una manera extremadamente simple, nunca pretenciosa.

Encontrar una película con estas cualidades siempre fue difícil, pero en estos días es casi imposible. En una de las escenas iniciales, cuando el pequeño William Miller aún no ha descubierto su fascinación por el rock & roll -género que su madre prohíbe terminantemente en su hogar-, los personajes pasan por la puerta de un cine donde se está exhibiendo un clásico de Truffaut. La referencia no es nada gratuita: si hubo un director que supo hacer películas entretenidas, emocionantes y profundas sin un tono pretencioso fue el realizador de una de las mayores obras maestras sobre la adolescencia, «Los 400 golpes».

Si se buscara una definición absurda pero sintética de «Casi famosos», se podría decir que es una mezcla de «Los 400 golpes» con el legendario documental apócrifo de rock de Rob Reiner «This is the Spinal Tap». Porque, luego de escuchar «Tommy» de The Who a la luz de una vela -lo que, según su hermana, permite ver el futuro-, el pequeño William Miller se lanza a una precoz carrera de periodista de rock. Sin saber que es menor de edad, un editor de «Rolling Stone» le asigna un artículo sobre una banda en ascenso, los inseguros Stillwater. Allí el reportero de 16 años conocido por los músicos como «el enemigo» descubre las fiestas con ácido lisérgico, las presiones del negocio, los encantos de las groupies (esas chicas que hacen lo que sea por pasar a un backstage) y la debilidad e hipocresía de esos ídolos de la juventud que pregonan un estilo de vida y muchas veces practican otro.

El periodista William Miller no es otra cosa que un alter ego del mismo Crowe, y los Stillwater son una mezcla de los Allman Brothers, los Eagles y Led Zeppelin (de hecho, la frase «soy un dios de oro» que dice un astro de rock confundido por el LSD antes de arrojarse desde un techo a una pileta la dijo el mismísimo Robert Plant).

Desde las virtudes de la marihuana que fuma Crosby hasta los excéntricos desmanes de los fans del Bowie de comienzos del glam rock, «Casi famosos» está provista de más chistes y guiños sobre la música de los '70 de los que se podría descubrir en una sola visión de la película. Esto solo ya la vuelve un producto singular y atractivo, pero a años luz de la cáscara hueca que se vio hace poco en «Velvet Goldmine», sus personajes famosos, casi famosos o completamente anónimos son reales, verosímiles y si en algún momento final la credibilidad vacila un instante se debe solamente al intento del guionista y director de darle un desenlace contundente a una historia que siguió desarrollándose inmutable hasta hoy.

Que en la Argentina
«Casi famosos» se estrene el mismo día que la nueva versión restaurada de «Anochecer de un día agitado» de los Beatles es una gran oportunidad para comparar y disfrutar dos de los mejores films en la historia del cine del rock & roll.

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