22 de octubre 2008 - 00:00

Los humoristas ya ganaron las elecciones en EE.UU.

Washington (EFE) - Mientras los candidatos presidenciales Barack Obama y John McCain siguen en campaña para ganar las elecciones del 4 de noviembre en Estados Unidos, a dos semanas de los comicios ya está claro que los verdaderos triunfadores son los humoristas.

En general, todos los programas satíricos aumentaron su audiencia en esta campaña, pero nadie contribuyó tanto a ello como el programa « Saturday Night Live» (SNL), de la cadena NBC y que, como su nombre lo indica, se transmite los sábados por la noche en directo desde Nueva York.

Lorne Michaels, el director ejecutivo de este programa, un histórico de la televisión estadounidense, admite que «los dioses nos vinieron a ver» cuando McCain decidió designar a la gobernadora de Alaska, Sarah Palin, como su compañera de fórmula republicana.

Las imitaciones de Tina Fey -una de las actrices más populares de la televisión estadounidense, y de asombroso parecido físico con Palin-, en « Saturday Night Live» han forjado una imagen de la hasta entonces desconocida gobernadora como una mujer simpática pero sin muchas luces.

En su primera imitación, dejó por los suelos las credenciales en política exterior de la gobernadora, de la que los responsables de la campaña republicana aseguraba que entendía lo que pasa en Rusia debido a la proximidad de Alaska a ese país, al declarar que «¡Puedo ver Rusia desde mi ventana!».

La semana siguiente, se limitó a repetir, palabra por palabra, una entrevista que Palin había concedido a la periodista Katie Couric y en la que la candidata se había mostrado confusa, titubeante y pronunciado parrafadas sin sentido... pero con una gran sonrisa.

Más de cinco millones de personas han visto esas parodias en internet, y «SNL» ha visto multiplicar su audiencia. El momento culminante llegó el sábado pasado, cuando el programa tuvo como invitada a la verdadera Palin y logró su mayor audiencia de los últimos 14 años, al superar los 17 millones de televidentes.

El liderazgo de «SNL» ya venía de antes, desde las primarias, cuando su sátira acerca del trato de la prensa al demócrata Barack Obama (emitió un sketch en el que los periodistas se afanaban en preguntarle si estaba cómodo o necesitaba otro almohadón) contribuyó a restar un poco de aura al candidato.


Otros éxitos

Pero no es sólo «SNL» el que se ha beneficiado con la campaña electoral. David Letterman el veterano rey de los programas de humor nocturnos, registró la semana pasada su mayor rating en mucho tiempo, 6,5 millones de personas, gracias a la comparecencia de John McCain.

La entrevista traía cola. Inicialmente, estaba prevista para el 24 de septiembre, pero ese día McCain decidió cancelar su campaña y regresar de inmediato a Washington ante el grave cariz de la crisis financiera.

Pero, como descubrió Letterman, mientras imaginaba a McCain camino al aeropuerto, el candidato concedía una entrevista en directo a Katie Couric..., que trabaja para la CBS, la misma cadena que Letterman. «El camino a la Casa Blanca pasa por mí», ironizó entonces un molesto Letterman. «John, si tú no vienes a vernos es posible que nosotros no te veamos el día de la jura del cargo», añadió.

Desde entonces, el humoristano había dejado de lanzar invectivas contra el candidato presidencial, que finalmente reconoció la semana pasada en el programa «metí la pata».

Otros programas satíricos, como el «Daily Show» de Jon Stewart, un programa que imita un noticiero, o «The Colbert Report» -una parodia de los programas de comentario político de derecha-, tuvieron los ratings más altos de su historia (dos millones de personas de promedio en septiembre para espacios que sólo se emiten por cable gracias a sus bromas sobre Obama, McCain y, por supuesto, Palin.

Michaels atribuye el éxito de los programas de humor al intenso interés generado por estas elecciones, según él sólo comparable a las de 2000 entre Al Gore y George W. Bush.

Doug Herzog, presidente del canal que emite el «Daily Show» y «The Colbert Report», lo resume de manera aún más contundente: «Para nosotros, es el equivalente a unas olimpiadas».

Olimpiadas de humor, naturalmente.

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