17 de enero 2008 - 00:00

"Mamet va a lo hondo, pero con tono liviano"

Luis Ziembrowski: «David Mamet tiene una escritura teatral americanamente liviana y muchos recursos con los que les saca chispas a los conflictos».
Luis Ziembrowski: «David Mamet tiene una escritura teatral americanamente liviana y muchos recursos con los que les saca chispas a los conflictos».
Mientras continúa con las grabaciones de «Lalola», en donde interpreta a un empresario algo desquiciado, Luis Ziembrowski logró hacerse un espacio para volver al teatro. Desde hace unos días integra el elenco de «Codicia» («Glengarry Glen Ross»), de David Mamet, junto a otras figuras entre las que se destaca Facundo Arana.

Llevada al cine en 1992 con grandes estrellas de Hollywood en los protagónicos, su título original alude a un par de propiedades inmobiliarias que se mencionan en la obra, aunque el film llegó a la Argentina como «El precio de la ambición». A Ziembrowski le divierte compartir el escenario con actores de distintos circuitos. El mismo trabajó durante años en el teatro independiente, integró La Pista 4, descolló en «Mil quinientos metros sobre el nivel de Jack» de Federico León y en «La malasangre» de Griselda Gambaro, además de haber participado en más de 20 largometrajes y varios telefilms, en algunos casos con guión propio.

El actor no es muy afecto a la exposición pública y sus declaraciones a veces pueden resultar algo desconcertantes, como corresponde a un verdadero outsider.

Periodista: ¿No se sintieron condicionados al tener que competir con la versión cinematográfica de la obra?

L.Z.: No. Además, yo soy mejor que Kevin Spacey, no tengo la menor duda, y él es mucho más gay que yo...

P.: ¿Qué opina del resto de sus compañeros?

L.Z.: No sé si Al Pacino es tanto mejor que Facundo Arana. De verdad, no lo sé. El papel de Jack Lemmon lo hace nuestro Luis Sandrini actual, Alejandro Awada, un hombre que apuesta sentimentalmente a la intensidad escénica y lo logra... (se queda pensando)

P.: ¿Entonces?

L.Z.:
No sé cómo va a reproducir todo esto en su nota. Sería fantástico que pudiera rescatarlo con buena leche, porque yo bromeo mucho con estas cosas y se las digo a mis compañeros.

P.: Entonces, sigamos...

L.Z.:
Después tenemos a un gran continuador de la línea Rubén Stella que es Federico Olivera, en el papel que hizo Ed Harris, ahí con su bigotito y sacudiendo la mano mientras dice: «Carajo, carajo...»

P.: Ya que lo menciona, esta obra batió el récord de malas palabras. Según un sitio de Internet en sólo 100 minutos utilizan 138 veces la palabra «fuck» y otras 50 la palabra «shit».

L.Z.: Sí, se habla así porque es gente desesperada en un momento de mucha presión y crisis económica. Acá utilizamos el argot nuestro. No nos metemos tanto con lo onanístico y anal como hacen ellos, porque entre nosotros decir «besame el culo» no tiene ningún sentido.

P.: Mejor cambiemos de tema. ¿De qué trata «Codicia»?

L.Z.: Son vendedores de bienes raíces, que casi inventan lo que tienen para vender. Aunque también puede suceder lo contrario, creen que vendieron algo y en realidad no vendieron nada, porque le dieron un cheque sin fondos o porque contactaron a gente tan delirante que disfruta y se entretiene con la visita de los vendedores.

P.: Esta obra ganó el Premio Pulitzer 1984 y el Tony a la mejor obra dramática.

L.Z.: Sí, es una típica obra de Mamet. Tiene una escritura americanamente liviana y también muchos recursos que la hacen interesante y efectista. Mamet le saca chispas a los conflictos y utiliza a fondo esas modalidades de retruécano que hacen que los personajes queden atrapados en mecanismos que crean otros.

P.: Los personajes de Arana y Olivera se valen de su habilidad verbal para entrampar a sus víctimas en una suerte de telaraña.

L.Z.: Entonces, entre el cinismo de unos y la ingenuidad extrema de otros se genera una teatralidad agradablemente liviana, aún cuando la información sea densa y el conflicto se centre en la miserabilidad y la desesperación de estos tipos. El conflicto funciona porque trata de una situación límite. Se vende poco y algunos están tan desesperados que llegan a lo delictivo o bien recurren a las estrategias más bajas.

P.: Usted tiene predilección por los personajes sórdidos, corruptos o monstruosos, pero en general logra que resulten bastante simpáticos.

L.Z.:
Mire, el mejor comentario que recibí fue el de una chica muy linda que luego de ver «La malasangre», donde yo hacía un siniestro criado, me dijo: «¡Qué monstruo más erótico es ese personaje!» Yo básicamente creo en el erotismo -en el sentido más amplio de la palabra- como energía vital y primaria que me permite aventurarme en zonas más arriesgadas. Acá... no sé si pongo en juego ese impulso erótico. ¿Sabe qué pasa? En este elenco son todos tipos...

Entrevista de Patricia Espinosa

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