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7 de febrero 2017 - 18:01

Mariano Favier: "No quise contar cómo fue el Italpark, sino cómo se lo evoca"

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Mariano Favier.
Un lugar se vuelve inolvidable no sólo por sus características propias, sino también por sus anécdotas y visitantes. Eso pareció tener bien en claro Mariano Favier al momento de escribir Italpark, una novela que actúa como falso libro documental y como testimonio coral de quienes disfrutaron de sus juegos.

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Políticos de poca monta, bellas colegialas en busca de pases gratis, modelos masculinos que posan en el teleférico, señoras paquetas quejosas de los ruidos y empleados fieles o tránsfugas son sólo algunas de las voces que construyen el parque de la misma manera que los motores, los espejos, los metales y las tuercas. En diálogo con ámbito.com, Favier relató como en esa pluralidad logró un perfecto equilibrio entre el humor y el retrato, sin dejar de mostrar el apogeo y la decadencia de una época.

Periodista: ¿Cómo y cuándo surgió la idea de escribir una novela sobre el Italpark?

Mariano Favier: El disparador inmediato fue una serie de textos que había escrito acerca de ciertas prácticas y costumbres en la década del ochenta en Argentina. Me di cuenta de que el único escrito interesante tenía que ver con el Italpark. No tardé en desecharlo también, pero decidí que ese lugar era un gran generador de imágenes, situaciones, conflictos. Comencé a desarrollar una historia principal, la de un ex empleado que tiene una relación, digamos, atormentada, con el parque. Luego se fue expandiendo, ramificando, aparecieron otros personajes, pero ese fue el germen.

P.: Tu novela se construye entre el collage y el falso libro documental. ¿Por qué elegiste esa estructura?

M. F.: Me pareció que la estética del collage, que me atrae mucho, servía para dar forma a un relato cuyo contexto remite un poco a la estética del pop, de la materialidad de objetos como el plástico, la chatarra. Pienso en lo residual, en las pinturas de los vanguardistas de comienzos de siglo XX o, en Argentina, en el caso de (Antonio) Berni. En la novela el collage no está solamente en la polifonía, sino en la aparición de textos publicitarios, listas de objetos perdidos, informes de juegos, todo eso es el relato. Por otra parte, el falso libro documental le da a esos textos el carácter de archivo, que era lo que deseaba. Y se trata de un libro documental problemático desde el vamos, porque hay materiales allí que son imposibles, testimonios que son imposibles, pero no quiero arruinarle la sorpresa a quienes deseen leer la novela.

P.: Naciste en 1983 y el parque cerró en 1990, por lo que imagino que tus recuerdos del Italpark son difusos. ¿Qué te atrajo del proyecto si no fue la nostalgia?

M. F.:
Puede que hubiera algo de nostalgia. Visité Italpark y, como a todo chico, me fascinó. Pero lo que me motivó a escribir fue explorar el universo de representaciones y recuerdos que se pueden construir sobre un mismo lugar. No tanto cómo fue sino cómo se lo evoca. Por otra parte, trabajé unos años en un parque temático y viví en cierta forma la experiencia de estar "del otro lado" del montaje del paseo y la diversión. Aunque no tuvieran mucho que ver la época y el espacio en sí, contaba con esa perspectiva y quería usarla.

P.: La decadencia del parque va de la mano de la crisis, la inflación y la desidia. ¿Ves a tu novela como una analogía de la era de oro de la democracia Alfonsinista y sus desencantos?

M. F.:
Esa lectura está y es un poco inevitable, el propio texto la autoriza. El Italpark como una sinécdoque de la finalización del desarrollismo y el inicio del neoliberalismo a comienzos de los noventa. Los años de inicio y cierre del parque ilustran prácticamente eso, porque abrió sus puertas en 1960 y las cerró en 1990. Pero también creo que hay otros motivos que el texto insinúa, algunos absurdos e inverosímiles, otros incomprobables. En todo caso, traté de ir un poco más allá de narrar la crisis a través de un parque de diversiones.

P.: No le escapaste al accidente del Matterhorn, pero tampoco lo hiciste un tema central. ¿Por qué tomaste esa decisión?

M.F.:
No quise escaparle, es un hecho conocido por todos y me parecía una salida fácil evadirlo. Por otra parte, hacer hincapié era de mal gusto, incluso torpe. Me interesaba más abordarlo así, como algo tangencial. Quise que este parque estuviera desplazado, fuera de foco con respecto al Italpark real. Por ejemplo a través de los juegos: aparecen el Matterhorn y el Pulpo, pero también hay juegos desconocidos, que no se sabe bien cómo funcionan.

P.: ¿Cómo te cambió escribir esta novela?

M.F.: A nivel personal, es la culminación de una etapa y de un proyecto. En cierta forma, es sacarse el peso de encima: chau, Italpark. Si bien mi interés por la literatura comenzó de adolescente, medio a la ligera tal vez, tuve que esperar a terminar la carrera de Letras para poder involucrarme en la escritura como una práctica constante. Hace años que vengo escribiendo y tengo ese deseo de producir. Pero tampoco estoy apurado por volver a publicar.

P.: Italpark, que es un libro más que sólido, es también tu debut. ¿Cómo te posiciona frente tus futuros proyectos?

M.F.:
Con las publicaciones, más aún con las primeras, suele producirse esa pequeñísima cuota de visibilidad. Es algo curioso que no deja de tener su costado interesante, porque conocés o tratás más de cerca a editores y autores. Cuesta participar en ciertos eventos o circular por algunos espacios si no hay una huella visible de lo que escribís. Incluso mis alumnos (de colegios secundarios), cuando les contaba que había terminado una novela me insistían "¿dónde está publicada?". El haber publicado me da cierto respaldo, pero más que nada es un aprendizaje. Terminar una obra, más allá de si sale a la venta o de cómo se lea, es una experiencia formativa. Hay cosas que sabés que no querés repetir, otras que pensás desarrollar. Ahora trabajo con una serie de textos con cierta base en la crónica de viajes, trato de ir probando cruces de géneros para alejarme de lo puramente referencial y llegar a algo híbrido, un poco más complejo. Estoy precisamente con un relato de viaje que gira en torno a uno de mis cuentos favoritos de Silvina Ocampo, "El impostor".

P.: ¿Qué te inspira y qué significa escribir para vos?

M.F.: Lo que más me inspira es leer y salir a caminar o a andar en bicicleta. Recorrer distancias medias suele redundar en ideas o impresiones que después anoto e intento desarrollar. En cuanto a la escritura, para mí es un juego de formas, no basado tal vez en un placer inmediato sino en algo más indefinido que tiene que ver con el ensayo, la experimentación. Escribir es algo muy intenso, pero más importante es leer, desarrollar un sistema de lecturas que esté orientado en una dirección, que acompañe cierta búsqueda personal. Creo que escribir es un poco subsidiario de eso.

*Italpark fue publicada por Editorial Marciana.

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