7 de septiembre 2006 - 00:00

"Miami Vice"

El dilema moral de los detectives protagónicos y el romancede Crockett (Colin Farrell muy lejos de Don Johnson) y lacuriosa contrabandista que interpreta Gong Li son el núcleode «Miami Vice».
El dilema moral de los detectives protagónicos y el romance de Crockett (Colin Farrell muy lejos de Don Johnson) y la curiosa contrabandista que interpreta Gong Li son el núcleo de «Miami Vice».
«Miami Vice» (EE.UU.Alemania, 2006, habl. en inglés). Dir.: M. Mann. Int.: C. Farrell, J. Foxx, G. Li, J. Ortiz, L. Tosar, N. Harris, E. Rodriguez.

La serie «División Miami», el mayor éxito de Michael Mann no es precisamente lo mejor en la carrera del director de «Fuego contra fuego», «Cazador de hombres», «El informante» o «Ali».

Prototipo de la estética de la década de los '80, como casi ningún otro programa de televisión, las aventuras de dos policías infiltrados entre las bandas narcos llamaba la atención antes que nada por lo dudoso de la pretendida elegancia de sus personajes, con una solapada burla al snobismo de los nuevos ricos con fortunas amontonadas demasiado rápido a base de actividades criminales. Luego la violencia gráfica, las situaciones sórdidas con sexo y drogas y las apariciones de estrellas invitadas -incluyendo músicos como Frank Zappa o Miles Davis- jamás vistas en la TV. se volvía un atractivo especial del programa sobre todo hacia las últimas temporadas.

Sin embargo, lo más interesante del concepto de «División Miami» era el conflicto moral de estos dos detectives viviendo una vida de delincuentes, al punto de estar cada vez más cerca de convertirse en simples criminales, con Ferraris, lanchas de alta velocidad y avionetas super estéticas, además del saco y la remera. De todos modos Colin Farrell no podría -ni tampoco querría- ser un remedo de aquel ridículo Don Johnson de los '80.

Michael Mann tampoco parece estar interesado en los aspectos más superficiales de su gran éxito televisivo. En cambio la disyuntiva moral de policías y delincuentes es el tema de esta película, que si no se llamara «Miami Vice», apenas tendría alguna que otra reminiscencia obvia del programa sobre las andanzas de los policías Crockety y Tubbs, que en esta nueva versión siglo XXI siguen infiltrándose en bandas de contrabandistas ahora globalizadas, de manera que la cocaína colombiana, el éxtasis holand ss y el software pirata chino sean parte de la misma operación.

La verdad es que los fans a muerte de la serie probablemente se sientan decepcionados por esta película que no busca la nostalgia sino la actualización de una idea (sin desaprovechar la franquicia, por supuesto). La visión de Miami como embajada de la peor gente de Haití, Colombia o Ciudad del Este (hay que ver cómo filma Michal Mann las Cataratas) es mucho más realista, mas exótica y menos simpática que la visión que suele tener Hollywood de los típicos villanos narcolatinos. Y el romance entre Crockett y Gong Li, la lugarteniente de un temible contrabandista, es finalmente el núcleo de esta historia sobre el honor y su ausencia entre gente tan poco leal como podría ser un policía infiltrado o un narcotraficante.

«Miami Vice» tiene imágenes hermosísimas, una banda de sonido demasiado recargada de canciones que no hace extrañar en nada al viejo score de Jan Hammer, buenos actores de reparto, explosiones de acción y violencia totalmente sorprendentes y, sobre todo, situaciones y climas de suspenso a la altura de lo mejor de Mann. También tiene cosas raras y divertidas como Gong Li haciendo de cubana (su primera línea de diálogo, en castellano es «José dejate de joder») y momentos románticos al borde de lo cursi o lo kitsch que casi están a la altura de los detalles más pintorescos de la vieja serie de culto de la pantalla chica.

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