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25 de mayo 2007 - 00:00

Muestra y homenaje a Mariana Schapiro

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«El mar que lo envuelve», versión de «El mar que lo trae», la obra que le dio a Mariana Schapiro el Gran Premio Adquisición del Salón Nacional, el último de los muchos que recibió la destacada escultora fallecida el año pasado.
Mariana Schapiro (1959-2006), fue discípula de Distéfano, Heras Velazco, Michel, Larreta, eximios escultores con quienes realizó experiencias en talla directa. Pero no fueron los materiales tradicionales con los que se sintió más consustanciada aunque, por supuesto no los desdeñó a lo largo de su carrera. Sus esculturas, despojadas de toda realidad, provocaban y provocan, una sensación que oscila entre lo provisorio y lo definitivo, con una vuelta de tuerca lúdica con piezas intercambiables.

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Siempre se caracterizó por su constante evolución que obligaba a agudizar nuestra mirada. Recordamos una muestra realizada en 2002 en el Centro Cultural Recoleta, un «verdadero mar de lágrimas» -no podía ser de otro modo dada las circunstancias vividas en esos momentos por los argentinos-, en madera, piedra, metal, caireles, tubos de plástico, cables de acero, terracota, látex, textos en Braille, sogas, hilos de bordar. Materiales disímiles rigurosamente combinados poniendo a la escultura fuera de los límites instituídos.

En la muestra de Galería Empatía (Carlos Pellegrini 1255), que había sido planeada con la artista pero que se convierte en homenaje debido a su fallecimiento, se exponen obras realizadas entre 2000 y 2006, inclusive cuando luchaba contra su enfermedad. Destacamos la cualidad Zen de «Va y Ven», madera y chapa de hierro (2004), «Paisaje con tres», fundición de hierro, madera y mármol negro (2001). De esa muestra de 2002 se encuentra «Lágrimas de plata» de la serie «Los Llorones», dos círculos de madera de los que penden lágrimas de estaño y una versión bordada sobre bastidor con reminiscencias orientales. «Giros, volteretas y cabriolas», maqueta de la obra con la que ganó el Premio Región Metropolitana de Escultura 2006 (Fundación Osde), ensamble de maderas laminadas que acentúan su levedad.

Ganadora también en 2006 del Gran Premio Adquisición del Salón Nacional por «El mar que lo trae», escultura yacente, en la que se combina la levedad de las olas y la sólida presencia del tronco (tronco de alcanfor y multilaminado), aquí se exhibe el desarrollo de una versión titulada «El mar que lo envuelve».

Desafiando siempre los materiales, trabaja con venecitas de colores brillantes, «Husos» (2005), un juego de palitos chinos de gran tamaño que penden del techo, algunos aparecen desparramados por el suelo, los «Laberintos», en madera calada y carborundun (2005), la severidad de las «Cajas Porosas », formas en madera de medidas varias, agrupadas, atravesadas por agujeros que como lo señala María Teresa Constantín en el texto del catálogo, «quizás la porosidad del propio cuerpo que no podía doblegar». Clausura el 22 de junio.

  • Heriberto Zorrilla confiesaque su primera vocación fue la poesía que aún escribe, fue químico y comerciante, actividad que abandonó para lanzarse a la pintura, «una aventura riesgosa pero reconfortante». Al reflexionar sobre su propio trabajo de pintor fundó un movimiento, el «Esencialismo», sobre el que escribió dos libros en colaboración con su esposa Helena Distéfano, también pintora. Formó un grupo de discípulos que adhieren a sus investigaciones plásticas y que se constituyen en uno de sus núcleos interiores más vivos, más activos, más vivificantes.

    «Entrelíneas», que se exhibe en GR (Galería de la Recoleta) es verdaderamente un título apropiado para una obra que exige una atenta actitud que permitirá captar las vibraciones, el desarrollo de líneas y formas en un espacio que las contienen. Se expanden, estallan, vuelven a encontrarse, establecen diálogos con la sutil materia, con el color, vital, pero que jamás aparece agitado. Ya se sabe que formas y colores son innumerables y que sus combinaciones e influencias son infinitas, por eso deberían verse como un gran friso, cada cuadro de Zorrilla parece continuarse en el otro y creemos que no son independientes excepto por el hecho de tener que sujetarse a la convención del formato.

    Escrituras cósmicas, huellas espaciales, rimas pictóricas, formas que se disuelven. Hay toda una batería de expresiones para dar algunas pistas, que son innecesarias. La obra de Zorrilla va llevando lentamente al contemplador a zonas aún inexploradas que, como dice el artista, «ignoro su origen y cuyo misterio no quiero ni puedo descifrar». Clausura el 3 de junio. Agüero 2502. Jardines de la Biblioteca Nacional.
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