Murió Pablo Suárez, artista y maestro

Espectáculos

El artista Pablo Suárez murió el sábado pasado, luego de una agonía de meses. Dueño de un talento sorprendente, generó un clima de suspenso con cada una de sus muestras, pues expresó como nadie las características y padecimientos de la sociedad argentina.

Sus cándidos y populares morochos, mirándose en el espejo mientras pasa la vida, perdiendo el vertiginoso tren de la década del 90, viviendo en un caño cuando la crisis se veía como una amenaza, y caminando sobre el filo de una navaja, cuando con la fuerza de un tornado se desató en 2001, tocan la fibra más íntima del «ser» argentino.

Pero la muerte de Suárez también generará el vacío con la ausencia de sus lúcidas y provocativas ideas, que supieron inundar de aire fresco los ambientes viciados de retórica vacía. Vale la pena recordar su ironía, cuando riéndose de la fascinación posmoderna, advertía que los alumnos de las escuelas de Bellas Artes, terminaban ilustrando los conceptos de Lyotard o Baudrillard.

Luego, la más penosa de las ausencias, es la del gran maestro, que hasta el fin de sus días regaló la sabiduría que ahora perdura en sus obras. De aquí en más, nos hablarán sus personajes, sus queridos morochos víctimas del infortunio, y sus boxeadores noqueados, que con la mirada extraviada nos cuestionan la típica incapacidad de reacción de los argentinos. A través del humor, la ironía y la parodia, nuestro artista muestra una realidad atroz, expresa lo que de modo frontal no se podría decir. Ahora hablará a través de su «Narciso de Mataderos», «Exclusión» o «El enemigo invisible». Suárez deja una obra crucial para la historia del arte argentino, pero su legado trasciende el arte para tocar de cerca el corazón de la gente.

A.M.Q.

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