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11 de febrero 2008 - 00:00

Nigro: la naturaleza con mirada creativa

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En las obras de Adolfo Nigro, el paisaje, la luz, la atmósfera e, incluso, las figuras humanas no son reflejados con realismo óptico, sino que se transmiten a partir de objetos y colores.
El rosarino Adolfo Nigro es uno de los artistas contemporáneos más exitosos que existen hoy en la Argentina. Aproximadamente 50 de sus obras se ofrecen en subastas todos los años, y siempre encuentran comprador. Su cotización fluctúa entre los 36.000 dólares por obras de 160 x 200 centímetros a 5.000 dólares las obras de 40 x 60 centímetros.

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Nacido en 1942, durante muchos años su obra fue sostenida por Gregorio Gordon que también en alguna oportunidad tuviera una galería de arte. Su arte se basa en principios del artista uruguayo Joaquín Torres García y el arte constructivo. Nigro se crió frente al Río Paraná. La relación con él fue la vivencia más importante de su infancia, sus costas eran lugar de juego con los chicos y lugar de hallazgos: cosas que el río trae con las crecidas, el misterio, la vida del hombre junto a la naturaleza. Vivencias que marcaron para siempre su obra pictórica.

A los 14 años se mudó a Buenos Aires e ingresó a la Escuela Nacional de Bellas Artes Manuel Belgrano y estudió luego en la Escuela Superior Prilidiano Pueyrredón. Pero es recién a partir de 1966, año en que se radicó en Uruguay, cuando Adolfo Nigro comenzó a definir su lenguaje propio y su labor artística.En Montevideo se vinculó con integrantes del Taller Torres García (ubicado en el barrio del Cerro) y estudió con José Gurvich, alumno del maestro uruguayo. Desde 1976 ha desarrollado una pintura plásticamente vinculada al Constructivismo de Torres García, pero tratando de integrar sus vivencias y la realidad que lo rodea. Esto lo llevó a descubrir un entorno particular que es el Río de la Plata.

El paisaje, la luz, la atmósfera del lugar no son reflejadas con realismo óptico, sino que se transmiten en la totalidad de la obra a partir de objetos y colores. Al abordar la tela siempre parte de la realidad, nutriéndose de ella, no es un pintor abstracto. Y el ser humano aparece con algunos elementos sugeridos: ojo, mano, pie, cabellera.

Adolfo Nigro busca expresarse con diferentes materiales: pintura, dibujos a pluma, collages y entre 1971 y 1973 incursionó también en la cerámica y el arte textil. Desde su primera exposición individual en 1966 ha realizado numerosas exposiciones en las dos orillas: Buenos Aires y Montevideo, como así también en su Rosario natal. Ha recibido importantes premios en los salones de nuestro país, incluido el Gran Premio de Honor del Salón Nacional de Artes Plásticas (1989) y el Premio Trabucco otorgado por la Academia Nacional de Bellas Artes.

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