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5 de diciembre 2007 - 00:00

Pese a artificios, buen análisis sobre Sarmiento

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«Sarmiento y sus fantasmas» de Félix Luna. Editorial Aguilar. Bs.As. 2007. 262 págs.

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"Es tan insólito y excepcional todo lo que se refiere a Sarmiento, que no cuesta mucho imaginarlo (.) dialogando con algunos de los que tuvieron que ver con su vida y ya habían muerto". Así justifica Félix Luna su idea de recrear un encuentro ficticio entre el prócer y algunas figuras clave de su pasado. A nivel literario, el recurso resulta algo artificioso y extraño, sobre todo cuando la «gente muerta» que visita a este Sarmiento ya anciano y enfermo ostenta un «agujero siniestro en el rostro», como es el caso del general Justo José de Urquiza.

Obviamente no es la intención de Luna narrar la historia argentina como un thriller sobrenatural al estilo de «El sexto sentido». Es mucho más probable que esta convocatoria de fantasmas esté inspirada en la invocación que hace Sarmiento en su libro sobre Facundo Quiroga («¡Sombra terrible de Facundo, voy a evocarte.»). Pero, más allá de este desliz, el historiador arma un recorrido muy ameno por la vida y la obra de Domingo Faustino Sarmiento.

Su libro abunda en anécdotas picantes y rescata otras que dan cuenta de los usos y costumbres del siglo XIX tanto en la Argentina, como en Europa y Estados Unidos (país al que, como se sabe, Sarmiento admiraba sin restricciones y del que imitó, entre otras cosas, su sistema educativo).

Luna revisa a fondo el entorno familiar del prócer sanjuanino al incluir entre los aparecidos a su madre Paula Albarracín, su ex esposa Benita, su adorado hijo Dominguito, a varias de sus amantes y hasta su propio padre, José Clemente Sarmiento, menos ausente de lo que habitualmente se lo pinta.

Otras visitas fantasmales permiten echar luz sobre episodios muy poco difundidos de su vida, como por ejemplo su estrecha relación con Chile (casi su segunda patria) o el acto de cobardía que cometió siendo presidente de la nación (¿Alguien puede imaginarse al «padre del aula» huyendo de Buenos Aires en pleno brote de fiebre amarilla?)

La acusación proviene de Roque Pérez, presidente de la Comisión popular que asumió el mayor peso durante la lucha contra la epidemia. Pero Sarmiento fue un apasionado y hábil polemista, y aunque a veces se iba de boca por su agresividad (mantuvo fuertes enfrentamientos con políticos y escritores de su tiempo), siempre supo defender sus contradicciones. De ahí que este recurso de ponerlo a debatir con treinta espectros ( entre ellos los de Juan Bautista Alberdi, José de San Martín, Nicolás Avellaneda, Juan Manuel de Rosas, Facundo Quiroga y otras figuras procedentes de distintos estratos sociales) resulte la manera más vital y convincente de analizar sus teorías pedagógicas, su accionar político y su obsesión civilizadora.

Luna ha reunido un material muy valioso («rigurosamente histórico») que incluye algunos documentos de época (imperdible «La concepción del matrimonio según Sarmiento», pág. 243) y una síntesis cronológica. El principal mérito del historiador es no haber impuesto sus propias conclusiones para que cada lector elabore la suya.

Patricia Espinosa

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