1 de diciembre 2005 - 00:00

"Rayas. Una cebra veloz"

La cebraRayascompite en elhipódromo deKentuckycontracaballos purasangre. Unahistoria paralos máschicossolamente.La cebraRayascompite en elhipódromo deKentuckycontracaballos purasangre. Unahistoria paralos máschicossolamente.
La cebra Rayas compite en el hipódromo de Kentucky contra caballos pura sangre. Una historia para los más chicos solamente. La cebra Rayas compite en el hipódromo de Kentucky contra caballos pura sangre. Una historia para los más chicos solamente.
«Rayas. Una cebra veloz» («Racing Stripes», EE.UU., 2005; dobl. al español). Dir.: F. Du Chau. Int.: B. Greenwood, H. Panettiere, W. Malick, M. Emmet Walsh y otros.

No parece muy probable que Rayas, la cebra que protagoniza esta película, desplace en popularidad a la jocosa Marty de «Madagascar». Este no es un film de animación sino de actores y animales reales, a los que se hace hablar igual que en «Babe, el chanchito valiente» (a los animales, no a los actores, que hablan por ellos mismos, aunque en la versión que se ve en la Argentina se dobla a ambos). El riesgo de esta técnica consiste en hacerlo con gracia y verosimilitud, cosa que no suele suceder, y ésta no es la excepción.

«Rayas»,
como film infantil, tiene un concepto muy antiguo. Apunta a un público de chicos a los que les pueda gustar la historia de una cebra de Kentucky, discriminada al principio, y que termina compitiendo en una carrera de caballos en el hipódromo local. El animalito en cuestión cae accidentalmente del camión de un circo y lo recoge un granjero que, a pedido de su hija, lo cría hasta que se hace grande y fuerte. Tanto, como para desafiar a los mejores caballos pura sangre del lugar, cuya dueña terratienente, como corresponde, es una villana de la línea Cruella De Vil. Antes de llegar a la competencia propiamentedicha transcurrirán larguísimas escenas de charlas y bromas entre animales, incluidas dos moscas digitalizadas de tendencias escatológicas, y un pelícano que representa al personaje picaresco del film, y cuyas réplicas con «che» y «pibe», al menos para el oído de los adultos, sonarán un tanto extrañas en ese ambiente de la Norteamérica profunda y rural.

La fórmula de «Rayas. Una cebra veloz» puede funcionar entre los chicos (especialmente las nenas) de entre cinco y diez años, no mucho más. Los padres que los lleven tendrán que hacer un enorme ejercicio de paciencia, ya que el film, a diferencia de gran parte del cine infantil actual, no contiene ni un sólo guiño o broma que puedan disfrutar también los grandes. Es como «Lassie» y «Heidi» juntas con animales parlantes.

M.Z.

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