"Rayas. Una cebra veloz"

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«Rayas. Una cebra veloz» («Racing Stripes», EE.UU., 2005; dobl. al español). Dir.: F. Du Chau. Int.: B. Greenwood, H. Panettiere, W. Malick, M. Emmet Walsh y otros.

No parece muy probable que Rayas, la cebra que protagoniza esta película, desplace en popularidad a la jocosa Marty de «Madagascar». Este no es un film de animación sino de actores y animales reales, a los que se hace hablar igual que en «Babe, el chanchito valiente» (a los animales, no a los actores, que hablan por ellos mismos, aunque en la versión que se ve en la Argentina se dobla a ambos). El riesgo de esta técnica consiste en hacerlo con gracia y verosimilitud, cosa que no suele suceder, y ésta no es la excepción.

«Rayas»,
como film infantil, tiene un concepto muy antiguo. Apunta a un público de chicos a los que les pueda gustar la historia de una cebra de Kentucky, discriminada al principio, y que termina compitiendo en una carrera de caballos en el hipódromo local. El animalito en cuestión cae accidentalmente del camión de un circo y lo recoge un granjero que, a pedido de su hija, lo cría hasta que se hace grande y fuerte. Tanto, como para desafiar a los mejores caballos pura sangre del lugar, cuya dueña terratienente, como corresponde, es una villana de la línea Cruella De Vil. Antes de llegar a la competencia propiamentedicha transcurrirán larguísimas escenas de charlas y bromas entre animales, incluidas dos moscas digitalizadas de tendencias escatológicas, y un pelícano que representa al personaje picaresco del film, y cuyas réplicas con «che» y «pibe», al menos para el oído de los adultos, sonarán un tanto extrañas en ese ambiente de la Norteamérica profunda y rural.

La fórmula de «Rayas. Una cebra veloz» puede funcionar entre los chicos (especialmente las nenas) de entre cinco y diez años, no mucho más. Los padres que los lleven tendrán que hacer un enorme ejercicio de paciencia, ya que el film, a diferencia de gran parte del cine infantil actual, no contiene ni un sólo guiño o broma que puedan disfrutar también los grandes. Es como «Lassie» y «Heidi» juntas con animales parlantes.

M.Z.

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