Con apenas 31 años, el saxofonista Joshua Redman -hijo del también saxofonista Dewey Redman, que tocó esta misma temporada en Buenos Aires-tiene un currículum que sorprende. Sobre todo, si éste puede ser medido -como sucede a menudo en el jazz-en términos de con quiénes tocó o grabó a lo largo de su vida, y de los premios recibidos.
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En 1991 ganó la competencia de saxofonistas en el Thelonious Monk Institute of Jazz y, a partir de eso, su carrera inició un camino ascendente que aún no se ha detenido. Desde entonces, tocó o grabó con artistas ya consagrados, como Christian Mc-Bride, Charlie Haden, Brad Mehldau, Chick Corea, Jack DeJohnette, Larry Goldings, Lionel Hampton, Herbie Hancock, Roy Haynes, Quincy Jones, B.B.King, Joe Lovano, Wynton Marsalis, McCoy Tyner y muchísimos más. Además, se alzó con dos nominaciones para los Grammy y varios premios de revistas especializadas por sus distintos discos.
Lo último suyo es un álbum del año pasado -»Beyond»- con temas propios y con los mismos músicos que lo acompañaron en este debut suyo en la Argentina. Con todos estos antecedentes, y visto lo que sucedió en el Gran Rex, nadie puede negarle a Redman sus virtudes técnicas.
Maneja toda la familia del saxo -sólo queda afuera el barítono-con absoluta comodidad, juega con los saltos de registros y los matices, coloca cada nota con óptima afinación. Y tiene en su baterista Gregory Hutchinson un ladero de lujo; otro músico de sólida técnica y buenas ideas.
El problema mayor de Redman llega con la música, con lo que resulta de esa suma de capacidades. Allí, el discurso suena conocido, poco personal, reiterativo. Estructura sus piezas a partir de largas introducciones climáticas, presenta sus composiciones y las desarrolla desde las improvisaciones.
Sólo excepcionalmente -en las dos piezas finales estuvo lo mejor del show-logra despertar la modorra del público que, a poco de comenzar, ya ha descubierto todo lo que Redman tiene para decir. Tanto que el propio saxofonista, antes de tocar el último tema de su set central -antes de los bises-casi pidió permiso para hacerlo cuando dijo: «Vamos a hacer la última pieza; ¿o ya es muy tarde?».
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