A partir de la adaptación norteamericana de «Ringu» (conocida localmente como «La llamada»), el nombre de Hideo Nakata comenzó a popularizarse en Hollywood. «Agua turbia» parte también de su homónima japonesa, y cuenta la historia de una madre y una hija que se ven obligadas, por razones que incluyen lo económico y un divorcio en curso, a mudarse a un nuevo departamento, donde comienzan a ver una mancha de humedad en el techo que parece tener vida propia. El director de esta remake es el brasileño Walter Salles, que le ha agregado a la historia de Nakata elementos positivos, como los que tienen que ver con lo climático; y negativos -pero muy propios de Hollywood-, como el exceso de explicaciones. Al trabajo del director se suman los correctos trabajos de Jennifer Connelly y John C. Reilly, pero en una comparación global la película pierde con la versión original de Nakata. El director japonés -como mucho del cine contemporáneo de ese origen que ha deslumbrado a Occidenterescata sus propias tradiciones relacionadas con lo fantástico y el transplante de dichos arquetipos resulta prácticamente imposible. Nakata ha realizado la producción que le ha dado renombre alrededor de un fantasma específico de la mitología japonesa, al que se denomina yurei, un espíritu de ánimo vengativo que busca revancha por haber sido perturbado en el momento de su muerte. Otra de sus características es que no ronda en cualquier lugar, sino específicamente en aquellos sitios que le resultan familiares, y de su propia pasión logra una carnadura humana que lo diferencia bastante de los fantasmas tradicionales. Sin esta riqueza detrás, «Agua turbia» logra a medias lo que se propone, a pesar de los esfuerzos de los artistas involucrados. H. M.
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