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25 de mayo 2006 - 00:00

"Rescate en la Antártida"

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Partiendo de un hecho real ya abordado por el cine japonés (perros que cayeron en la nieve y sobrevivieron), esta remake alargada y sin emoción puede interesar medianamente a los chicos.
«Rescate en la Antártida» (Eight Bellow, EE.UU., 2006, habl. en inglés). Dir.: F. Marshall. Guión: D. DiGillio, sobre obra de T. Ishido, K. Kurahara, T. Nogami, K. Saji. Int.: P. Walker, M. Bloodgood, J. Biggs, G. Plunkett, B. Metz, A. Schellenberg.

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A los niños, esta película puede resultarles medianamente interesante. A sus abuelos, mientras, va a recordarles una canción infantil del cómico Tato Cifuentes, alias Tatín, que empezaba diciendo «Yo tenía diez perritos./ De los diez que yo tenía,/ uno se cayó en la nieve,/ no me quedan más que nueve./ De los nueve que tenía,/ uno se tragó un bizcocho,/ no me quedan más que ocho», y así seguía, hasta que ya no quedaba ninguno y el pobre Tatincito se largaba a llorar a los gritos. Era una canción muy divertida.

Pero en 1958, por la misma época en que triunfaba en las radios este cómico hoy olvidado, hubo ocho perros que de veras se cayeron en la nieve, e increíblemente lograron sobrevivir. Eso pasó en las cercaníasde una base antártica japonesa, y fue representado en 1983 en la película «Nankyoku Monogatari», éxito en su país y también en los Estados Unidos, donde ahora han hecho la remake que aquí nos llega.

Por supuesto, en esta nueva versión los protagonistas son dos científicos norteamericanos, salvados por sus perros al comienzo de la historia, y enseguida obligados a abandonar a sus salvadores, para salvarse de una tormenta. A partir de ahí vemos el esfuerzo de los hombres por volver al lugar, y el de los perros por comer algo y soportar el frío mientras esperan el agradecimiento humano.

El tema es muy lindo. Lástima que esta remake filmada en Canadá y Groenlandia, aparte de representar erróneamenteel invierno polar, se hace larga, y encima los actores son unos verdaderos perros. Por suerte los perros verdaderos son muy buenos actores, y las escenas con ellos solos son muy interesantes. Hay incluso una parte que puede asustar a los más chiquitos, cuando deben luchar contra una bestia que aparece repentinamente dentro del cuerpo de una orca. Y hay un final feliz, cuando se reencuentran perros y personas, pero curiosamente es poco emotivo.

Diez veces más emoción tenían los finales de Raúl Portal, con cien veces menos presupuesto. Dirigió Frank Marshall, que antes tuvo más suerte con los monos y las arañas (y con las de Steven Spielberg de las que ha sido productor).

P.S.

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