Pero, fenómenos del marketing, para este reencuentro con el público argentino después de una larga ausencia, eligió una sala con mucha menos capacidad que la que podría convocar. Es cierto que el Luna Park no es una sala pequeña, pero también lo es que podría hacer varias fechas en ese mismo lugar o presentarse una cancha de fútbol con comodidad. El plan, entonces, fue ofrecer una suerte de «show case» pero con público que pagó muy buenas cifras para ser de los privilegiados que pudieron estar allí.
El cantante ha decidido recostarse en su pasado glorioso y poner toda la energía en entregar un show internacional, profesional, sin fisuras ni sorpresas. Lo más interesante ocurrió desde lo visual, con una pantalla gigante/tejido de luces que abarcaba todo el escenario -algo nunca visto antes por aquí-. Y, como es normal, todo sucedió de manera impecable: músicos que conocen el show a la perfección, aspectos técnicos que no muestran errores, una «modernidad» sonora que suma pop latino, salsa, hip hop y regatton, y un cantante que cumple con su profesionalismo vocal y con los juegos de seducción. Hubo temas del nuevo disco -fundamentalmente en inglés- como
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