San Sebastián - Algo intermitente cierra la sección oficial en San Sebastián. Ayer se vieron «Honeydripper», del veterano John Sayles, sobre un bar en la Alabama de 1950, cuyas deudas se alivian cuando llega un negrito con una primitiva guitarra eléctrica. Simpática, pero afectada por la falta de ritmo, lo que en este caso suena paradójico.
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Y «Goong nyeo» (« Sombras en el palacio»), del debutante coreano Meejeung Kim, cuento medio fuerte, intrigante, sobre una médica imperial de otro siglo, que se mete en berenjenales cuando sospecha del suicidio de una doncella. No están mal, ni la médica ni la película, pero tampoco sobresalen tanto como para alcanzar a «Promesas del este» y «Buda explotó de vergüenza», que son todavía las principales candidatas al palmarés.
Las dos que faltan de esta sección, y acaso puedan dar una sorpresa, son «Daisy Diamond», del ácido Simon Staho (una chica danesa quiere ser actriz pero termina siendo madre soltera) y «Padre nuestro», de Christopher Zalla, drama de cine negro sobre el que hay mayores esperanzas (un inmigrante ilegal pretende asumir el nombre de otro, que va al encuentro de su padre).
La lucha es más reñida en la sección Horizontes Latinos, donde se juntan amagos románticos, cuentos tremendistas, personajes de psiquiátrico, y ocasionales joyitas, entre ellas la comedia triste uruguaya «El baño del Papa», las mexicanas sentimentales «Párpados azules» y «El viaje de la nonna», y las argentinas «Una novia errante», «La antena», «El asaltante» y «Por sus propios ojos» (estas dos últimas ya se están presentando en Biarritz).
La Argentina ya ganó cuatro de los cinco premios Signis de la sección Cine en Construcción, lo que significa 75.000 dólares repartidos entre el corto «El sueño del perro», de Pablo Pecora, el documental «4 de julio. La masacre de San Patricio», de Young & Zubizarreta, y los ficcionales «Palabra por palabra», de Edgardo Cabeza, y «La extranjera», de Fernando Díaz (con un regocijante Arnaldo André como patrón de estancia).
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