La
Hauptbahnhof
(o Estación
Central), la
gran obra
arquitectónica
que culmina la
remodelación
urbanística de
Berlín, será
inaugurada el
26 de mayo.
Berlín - Ya circulan trenes de prueba, los anuncios luminosos están instalados, los relojes dan la hora exacta y los escasos obreros visibles culminan los últimos detalles. Sólo faltan dos semanas para la inauguración, el próximo 26 de mayo, de la nueva estación central de Berlín, la última gran obra arquitectónica de la capital alemana, y todo parece casi a punto.
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La Hauptbahnhof (o Estación Central), situada en lo que hasta 1989 era una tierra de nadie en el antiguo sector occidental de la ciudad, a unos metros del Muro, debe culminar la remodelación urbanística del nuevo centro de Berlín.
Diseñada por el estudio del veterano arquitecto hamburgués Meinhard von Gerkan, ha tardado casi once años en construirse.
Después del barrio nuevo de Potsdamer Platz, de la remodelación del Reichstag -sede del Parlamento- y de la construcción de la gigantesca sede de la cancillería federal, la Hauptbahnhof es la guinda de una era de megaoproyectos - públicos en gran partedestinados a ofrecer un nuevo rostro a la capital alemana, destruida por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial y por cuarenta años de guerra fría.
«Será el mayor nudo ferroviario de Europa, la mayor y más moderna estación de Alemania», decía hace unos días, durante una visita guiada para periodistas, Gabriele Schlott, portavoz de Deutsche Bahn, la compañía estatal de ferrocarriles. En total, habrá costado a los contribuyentes alemanes 700 millones de euros.
Quien haya visitado Berlín en los últimos años probablemente habrá visto el techo acristalado de 321 metros de largo que cubre los andenes elevados y que permite que los cinco niveles de la Hauptbahnhof, incluso los andenes subterráneos, estén iluminados por la luz del día. Por primera vez, los ejes norte-sur y este-oeste de la ciudad convergerán en una sola estación. Por la Hauptbahnhof, que se encuentra en el lugar donde estaba la antigua Lehrter Bahnhof, una de las principales estaciones de la ciudad antes de la guerra, pasarán cada día más de mil trenes de largo recorrido, regionales y urbanos. Deutsche Bahn espera a 300.000 visitantes diarios.
La Hauptbahnhof refuerza la apuesta pública por el nuevo centro de Berlín. A consecuencia de la división, un sector bajo control soviético y otro occidental, había hasta ahora dos estaciones centrales: Ostbahnhof para el este y la estación de Zoo para el oeste. Desde la reunificación de Alemania, en 1990, las autoridades berlinesas se han esforzado en superar la división creando un nuevocentro, que coincide con el distrito de Mitte. La cancillería, el Reichstag, Potsdamer Platz -visibles desde la estación- y el Monumento del Holocausto son emblemas de este barrio emergente.
La estación tiene que reforzar el nuevo orden urbanístico de Berlín. El problema es que, al contrario de lo que sucede con la estación de Zoo, la nueva estación está en una zona desangelada. Al salir de la Hauptbahnhof no hay nada. Ni hoteles, ni restaurantes; sólo descampados, el río Spree y un vasto espacio verde que lleva a la cancillería y al Reichstag.
«Mucha gente señala que nadie vive aquí. Pero esto es una oportunidad para crear un nuevo centro», afirma Schlott, de Deutsche Bahn. En vez de construir la estación en el centro, la esperanza es que suceda a la inversa: que su mera existencia atraiga la vida urbana.
Ahora, sin embargo, muchos vecinos de la parte occidental se quejan porque los trenes de largo recorrido ya no pararán en Zoo, la estación de toda la vida, cerca de sus casas. Muchos temen que esta estación caiga en la insignificancia, y con ella el barrio de Kurfürstendamm, antaño el centro de Berlín Oeste.
El proyecto de la Hauptbahnhof también ha provocado varios contenciosos entre la compañía de ferrocarriles y Meinhard von Gerkan, el arquitecto. Un ejemplo: para poder inaugurar la estación a tiempo para el Mundial de Alemania, que empieza el próximo 9 de junio, y evitar sumar más retrasos a los que ya ha habido, el presidente de Deutsche Bahn, Hartmut Mehdorn, decidió acortar en 110 metros el techo de cristal, lo que, según el arquitecto, «dejará a los pasajeros de primera clase bajo la lluvia».
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