"Shara"

Espectáculos

«Shara» (Sharasojyu, Japón, 2003, habl. en japonés). Guión y dir.: N. Kawase. Int.: K. Fukungaga, Y. Hyyoudo, N. Kawase, K. Kawase, K. Namase, K. Higuchi.

Podría objetarse en esta obra la duración de algunos planos secuencia, donde la cámara sigue a unos chicos corriendo durante demasiados minutos, el - incluso a juicio de algunos orientales- excesivo control emocional de algunas personas ante la desgracia, el estado general de quietud que llena el pueblo e inquieta a más de un espectador. Pero debemos considerar que es un pueblo tranquilo bajo el calor del verano, que mucha gente es poco expresiva ( simplemente, la procesión va por dentro), y además en una de esas la directora prefirió esquivar lo más posible los momentos de crisis, como esquiva también otras informaciones, y que esos seguimientos, aunque hubieran podido abreviarse, tienen una razón de ser.

Por un laberinto familiar de callejuelas, un laberinto diríase protector, como suelen serlo las cosas familiares, dos hermanitos gemelos corren felices, con la felicidad de los niños cuando corren. De pronto percibiremos la posibilidad de un drama. Esta es, aunque de modo apagado, la pequeña historia de un sentimiento de ausencia dentro de una familia.
Años más tarde, uno de esos chicos recorrerá su laberinto en bicicleta, con una amiguita.

Por otro semejante, y mientras lleva torpemente la bolsa de las compras, la madre de la chica le contará, como quien decidió contarlo de una vez después de muchas vueltas, la verdadera historia de su origen, una historia tan enrevesada como ese mismo camino. Y al fin, tras una enérgica fiesta popular, cumplida a sol y lluvia (esas lluvias de verano, que no impiden los bailes, sino que los refrescan), otra vez dos chiquilines correrán por las callejuelas, para asistir al milagro de otra vida. Y al fin, tras haberlos seguido afuera de las casas, y haber quedado discretamente también afuera de algunas situaciones, la cámara saldrá, como se sale de todos los laberintos, por arriba, mirando la casa de esa familia, las demás casas, el pueblo, los campos y arboledas que rodean el pueblo. Eso es todo. La madre embarazada que allí actúa es la propia directora Naomí Kawase (ya vimos su parte real, filmado bajo dirección de ella misma, en su documental «Tarachime»). El pueblo, llamado Nara, es su propio pueblo. Como de costumbre, los exégetas de Kawase disfrutan esta obra y hasta han encontrado las razones teóricas de por qué la cámara a veces toma una velocidad distinta a la de los niños.

Seguramente el camarógrafo podría dar unas razones prácticas mucho más concretas, pero no importa. Más allá de bombos y objeciones, resulta, para casi todo el mundo, una película agradable.

P.S.

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