4 de enero 2006 - 00:00

Silva Schultze: contra la "novela histórica"

Marisa Silva Schultze, una historiadora premiada por su obranarrativa, explica que “para escribir una novela sobre lamente de unos políticos tuve que dejar de lado toda poesía”.
Marisa Silva Schultze, una historiadora premiada por su obra narrativa, explica que “para escribir una novela sobre la mente de unos políticos tuve que dejar de lado toda poesía”.
La escritora uruguaya Marisa Silva Schultze es profesora de Historia, pero para hacer literatura buscó las fórmulas más opuestas a su profesión, primero escribir poesía y luego novelas donde narra lo que suceder en la mente de sus personaje. Silva Schultze parece retomar en sus obras elementos de Virginia Woolf, de los narradores del «fluir de la conciencia», del objetivismo francés y del filósofo Gaston Bachelard. Ella sostiene que se deja llevar por el impulso poético-narrativo. Silva Schultze visitó Buenos Aires para presentar sus novelas «La limpieza es una mentira provisoria» y «Qué hacer con lo dicho», dentro de la propuesta de «un puente literario» de la editorial Alfaguara. Dialogamos con ella.

Periodista
: ¿Se planteó escribir narrativa desde la poesía?

Marisa Silva Schultze: Creo que se puede escribir desde las más diversas perspectivas. El asunto es si el resultado es con o sin valor. El lenguaje abre todas las posibilidades. Si bien provengo de la poesía mi obra «La limpieza es una mentira provisoria» es una novela, aunque use un lenguaje que tiene mucho de poético. Creo que, en todo caso, podríamos preguntarnos qué significa contar una historia y como se elige el abordaje para contarla
.

P.
: Usted buscó una forma, que si bien tiene prestigiosos antecedentes, no es la habitual.

M.S.S.: En «La limpieza es una mentira provisoria» la historia que se cuenta no es un suceder de hechos externos sino de hechos internos. La vida, más allá de los hechos, de lo fáctico, tiene una dimensión subyacente; y a mí me atrae contar lo que está debajo de los hechos. Creo que para eso el lenguaje poético es instrumental.


P.
: ¿Cómo ordena los acontecimientos que enfrenta su personaje?

M.S.S.: El asunto es qué quiere decir acontecer, qué es un acontecimiento. Cuando una persona descubre algo sí mismo que no sabía: una tendencia, una posibilidad, un límite, una frustración, es un acontecimiento, y puede ser un acontecimiento determinante en su existencia. ¿Ese acontecimiento es un hecho? Desde ya. Al preguntarnos sobre acontecimientos y hechos pasamos a la especulación filosófica. En mi escritura busco describir que pasa por dentro de mis personajes cuando están haciendo otras cosas. Ese suceder íntimo es el que busco contar. En «La limpieza» mi protagonista está en la cocina lavando los platos, limpiando la heladera, cosas que me sirven como metáforas más amplias. Del mismo modo podría relatar un asesinato y lo que me interesaría no es el crimen sino lo que pasa en la mente del asesino o de la víctima.


P.
: Dado que no hay grandes sucesos, ¿como va pasando de capítulo en capítulo?

M.S.S.: En una novela tradicional lo hechos se van encadenando, está marcada por la lógica de los hechos. En el suceder interno también hay una lógica. Mi novela tiene ese ritmo, ese suceder. La protagonista pasa de una asfixia total, en donde casi no tiene palabras, y le van sucediendo cosas que la llevan en descenso y en ascenso. Va cada vez más abajo de sí misma y, a la vez, se va descubriendo cada vez más. En sus reflexiones va procesando, sin saberlo, un autoanálisis. No es un proceso terapéutico, que cuenta con un analista, sino un búsqueda instintiva de la sanidad.


P.
: ¿Por qué su relato transcurre en una cocina y en sucesivas noches?

M.S.S.: Es un tiempo y un espacio de pensamiento. Es el único momento en que esa mujer está sola. No es un ama de casa que tiene esa rutina, es una escribana, casada, que tiene dos hijos. Y no tiene ningún problema con lavar los platas, al contrario, es como su mantra. El marido es taxista y ella en un momento se pregunta: ¿cuál será el espacio para pensar de mi marido? ¿cuándo está trabajando? ¿también le ocurrirá que sus pensamientos se enredan?


P.
: ¿Ser mujer le ayudó a mostrar el mundo interno de esa mujer?

M.S.S.: Me animaría a contar el mundo interno del marido, del taxista. Como surgen en él ideas cada vez que un semáforo lo detiene. No es el género lo que me impone el personaje. Tengo un cuento que es el mundo interno de un camionero, cuento su soledad, los encuentros casuales, la nostalgia de la familia y de la ciudad.


P.
: ¿De qué trata «Qué hacer con lo no dicho», su segunda novela?

M.S.S.: Es distinta a «La limpieza», trata de políticos, pero otra vez sobre lo que pasa en el interior de ellos. Es una familia que está atravesada por el exilio y la muerte, pero no es una novela política. Me interesó ver como la vida de ese grupo fue atravesada, trastornada, por los hechos históricos. No me interesó lo político sino como esto me permitía desvelar la intimidad. Para poder contar esto abandone el lenguaje poético.


P.
: Por momentos «La limpieza» recuerda al objetivismo francés de los años '60, a Michel Butor, a Natalie Sarraute...

M.S.S.: No me considero bajo esa influencia ni me propongo seguir una escuela literaria. Tengo una postura muy poco teórica ante la literatura, y esta actitud acaso provenga de que comencé como poeta. Yo soy profesora de historia, y ese universo laboral me coloca en la vereda de enfrente de lo que me estimula a escribir. Como historiadora trato de buscar la dimensión fáctica y cuando narro lo que no está en la historia.


P.
: ¿Qué la impulsa a escribir?

M.S.S.: Me alienta la curiosidad y hasta la desesperación por entender a los otros. Me provoca mucha curiosidad lo que nos pasa por dentro cuando nos están pasando las cosas y trato de investigarlo a través de mis personajes. Escribir me permite introducirme en las casas, en la gente. Fuera de esto, no tengo un proyecto establecido.


P.
: ¿Qué autores le gustan?

M.S.S.: Felisberto Hernández, Raymond Carver, Clarice Lispector. Los lectores sabrán descifrar qué hay de ellos en lo que escribo.Yo no lo sé descubrir, ni me interesa.


Entrevista de Máximo Soto

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