14 de febrero 2008 - 00:00

"Sweeney Todd"

Johnny Depp y Helena Bonham Carter brindan actuaciones memorables en «SweeneyTodd...», un logrado experimento terrorífico de Tim Burton que no traiciona el formatomusical (aunque esto le resta algo de potencia).
Johnny Depp y Helena Bonham Carter brindan actuaciones memorables en «Sweeney Todd...», un logrado experimento terrorífico de Tim Burton que no traiciona el formato musical (aunque esto le resta algo de potencia).
«Sweeney Todd: El Barbero Demoníaco de la Calle Fleet» (Sweeney Todd: The Demon Barber of Fleet Street, EE.UU., 2007, habl. en inglés). Dir.: T. Burton. Int.: J. Depp, H. Bonham Carter, A. Rickman, T. Spall, S. Baron Cohen, J. Wisener, E. Sanders, J. Campbell Bower.

Antes que un musical, «Sweeny Todd» es una película de terror. El musical en cuestión es una obra que narra, a través del formato de música y canciones, una historia de venganza irracional, crímenes seriales, canibalismo y mucho más, todo según la leyenda de un infame barbero psicópata de la oscura Londres de la Revolución Industrial.

La película de Tim Burton es fiel al formato de música y canciones, pero en manos del director de «Ed Wood» y «El jinete sin cabeza» las imagenes prevalecen por sobre el sonido. En el escenario de un teatro lo artificioso de un personaje que canta en vez de hablar puede resultar aceptable, pero no resulta tan digerible en el cine. Burton acepta el desafío desde la primerca escena, donde presenta a un actor no cantante como Johnny Depp cantando sus diálogos en primeros planos absolutamnete cinematográficos, y totalmente imposibles en una puesta teatral.

Del mismo modo, los momentos terroríficos del «Sweeney Todd» de Burton incluyen crudísimos primeros planos de los crímenes más sangrientos que, si bien apelan a la tradición del teatro del grand guignol, no podrían lucir nunca con la misma dureza en el plano general que ofrece al público un escenario teatral. El énfasis en el terror -tanto psicológico como gráfico-, sin dejar de ser fiel al formato de un musical, convierte a este film en uno de los más curiosos y logrados experimentos de Tim Burton, que nunca antes arriesgó situaciones e imágenes tan fuertes. El estilo de homenaje al horror gótico es sólo comparable al de «El Jinete sin cabeza», con toda una secuencia de homenaje al Val Lewton de «Bedlam» («Manicomio», con Boris Karloff) y un despliegue visual extraordinario lleno de citas a clásicos literarios, de Dickens a Victor Hugo.

Como nada es perfecto, el formato musical por momentos atenta contra el film de terror, empezando por una trama no muy rigurosa que, sin la fantasía musical que la rodea, haría agua por todos lados. Por suerte los arreglos musicales son excepcionales, y la dosificación entre diálogos hablados y cantados es bastante razonable.

Depp ofrece una actuación memorable, igual que Helena Bonham Carter y el villano Alan Rickman. Lo que le falta a la película en buenos actores de reparto (salvo Sacha Baron Cohen, el creador de «Borat»), afortunadamente le sobra en esenciales rubros técnicos, como la fotografía y la dirección de arte, más un diseño de sonido que obliga a elegir cuidadosamente el cine donde ver este film de terror, disfrazado de musical.

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