"Un extranjero nunca podrá filmar bien tango en cine"

Espectáculos

Antes de su gira por diversas ciudades europeas, Miguel Angel Zotto y su compañía Tango x 2 debutarán el 3 de enero, en el teatro Lola Membrives, con un espectáculo titulado «Su historia» que incluirá una selección de cuadros coreográficos de sus tres obras anteriores («Perfumes de tango», «Una noche de tango» y « Tangos de la Cruz del Sur»).

Sucesor de Juan Carlos Copes, Zotto se presenta como un verdadero especialista en el tema: «Copes fue el primer coreógrafo que hubo -aclara-, el primero en llevar el tango al escenario y nosotros, con Milena Plebs, somos la segunda generación. Ahora el tango se desarrolló en un mil por mil y los chicos cuentan con un material que yo no tuve, pero que busqué y rescaté para ellos».

Sobre su propia experiencia y sus archivos fílmicos Zotto piensa dirigir una película en la que evocará a maestros del género como Rodolfo Dintel, Antonio Todazo y al mismo Copes, junto a otros milongueros de la talla de Virulazo, Petrolio, Finito y Pepito Avellaneda. El guión argumental de «Su historia» también incluye un homenaje que estará a cargo de un «duende reo» (José Angel Trelles).

«Mientras yo bailo, él va contando todo lo que viví y aprendí en la milonga»,
explica. También habrá nuevas coreografías -a cargo de 7 parejas de baile- y un final con cuatro bailarinas blandiendo un bandoneón. Serán 26 artistas en escena, entre ellos la cantante María José Mentana y una orquesta en vivo dirigida por Andrés Linetzky.

«El espectáculo es bastante autobiográfico, pero no voy a hablar de mis historias sentimentales
- advierte Zotto- aunque en algún momento se nombre a Milena». La bailarina y coreógrafa fue su pareja -en la vida y en el escenario- durante varios años. Debutaron como pareja profesional de tango en abril de 1986, convocados por «Tango Argentino» (de Claudio Segovia y Héctor Orezzoli). Más tarde crearon su propia compañía Tango X 2 que consolidó la fusión entre danza contemporánea y tango que Zotto había experimentado junto a la coreógrafa Ana María Stekelman en «Jazmines» (1985), espectáculo que lo tuvo como coprotagonista e instructor de tango.

Plebs
y Zotto se separaron en 1998 y desde «Tangos de la Cruz del Sur» (2003) el bailarín y coreógrafo -al que el diario francés « Liberation» bautizó como «el Maradona del parquet»- siguió solo al frente de Tango X 2.

Periodista: ¿Cómo suplió la pérdida de esa mirada femenina que aportaba Plebs?

Miguel Angel Zotto: Conozco perfectamente el lugar de la mujer, sé cómo está parada, conozco cada uno de sus movimientos; porque, además de mis estudios coreográficos, soy un investigador de todo lo tanguero: letras, músicas, creadores. Es algo que me gusta mucho.Y ahora que estoy solo, a la noche, me voy a bailar a la milonga. Acá y en el exterior me reciben en todos lados y hasta me organizan fiestas.

P.:
Usted aprendió con todos los maestros posibles, académicos y milongueros. ¿Qué tomó de la danza clásica?

M.A.Z.: Con Stelkelman y luego con Milena, que tenía formación clásica y contemporánea, fuimos purificando el lenguaje tanguero. Y así aprendí a montar una coreografía de tango como se monta un ballet, contando cada movimiento con sus tiempos musicales, sus espacios. El que me abrió la cabeza en lo coreográfico fue Antonio Todaro. El me ayudó a destrabar una figura, a ver cómo comienza y termina un giro, cómo se hace una llevada y cómo baila una mujer. Pero la presencia femenina es muy fuerte en todos mis espectáculos, sobre todo en éste que cierra con cuatro bailarinas, prácticamente desnudas, con sus bandoneones y rodeadas de una iluminación muy tenue.

P.: ¿Qué tipo de anécdotas aparecen en «Su historia»?

M.A.Z.: Por ejemplo, la última vez que bailó Petrolio. Petrolio era un simple empleado de banco que en 1938 o 1939 revolucionó el tango de salón. Tenía una gran cultura dancística, iba a ver ballet clásico aunque él era milonguero, burrero y soltero... el típico porteño. No era un artista para el escenario y tampoco le interesaba pero aportó un montón de cosas al tango. Cuando lo conocí, en 1986, me hice muy amigo y lo filmé durante dos horas. Una vez, estábamos en «Sin rumbo» y caía una lluvia muy finita. De pronto me dice: «Zottito, no voy a bailar nunca más». «¿Qué pasa Carlitos?» le pregunté. «¡Se me fue el baile del cuerpo!». Claro, él era muy mayor y no podía poner en movimiento los pasos que se le ocurrían. Había perdido la capacidad de improvisación. Recuerdo que le ofrecí llevarlo a su casa y no quiso. Se fue caminando solo bajo la lluvia. Esa escena seguro que la pongo en mi película.

P.:
¿Cómo va la preparación de esa película?

M.A.Z.: Hace dos años que estoy armando un guión. Va a ser un documental con una historia de amor -porque algo tiene que pasar- en la que irán apareciendo todos estos personajes de la milonga. Quiero mostrar Buenos Aires y nuestra idiosincrasia: el fútbol, las carreras, la milonga.

P.:
¿Por qué no actuó en «Assassination Tango» de Robert Duvall?

M.A.Z.: Me negué, y a Carlos Saura también le dije que no. El había visto uno de mis ensayos y reabrió el guión de «Tango» para mí, pero no me interesó su propuesta. «Este argumento no se entiende», le dije. El quería que bailara coreografías de otro y me negué. Además no tenían nada que ver con el argumento de la película. Después se hicieron otras, pero ni parecidas a lo que yo quiero filmar. Yo sé lo que le gusta a la gente, conozco muy bien el ambiente y a los argentinos.

P.: ¿No es limitativo dedicarse solamente al tango?

M.A.Z.: Es difícil no repetirse, pero cuando veo una figura que ya usé en otro espectáculo la saco. En el tango existe la limitación del abrazo, pero también eso es maravilloso. Cuando uno ve que los bailarines dan saltos para arriba es porque se van del abrazo para incorporar otras danzas. Yo, en cambio, trato de que cada movimiento tenga una justificación argumental y todas mis figuras, por más elevadas que sean, siempre comienzan y terminan dentro del abrazo del tango.

Entrevista de Patricia Espinosa

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