Un film pequeño y melancólico

Espectáculos

Un hombre joven ha muerto, así de pronto, en un rincón del campo vecino al pueblo donde trabajaba. La madre llega con su hijo menor para recibir el cuerpo, sus pocas pertenencias, el pésame de los compañeros de trabajo. No estará muchos días. En ese corto tiempo tratará de saber exactamente lo que pasó, conocerá a la novia del muchacho, y compartirá con el más chico la punzada del dolor inesperado, la sensación de ausencia, la incertidumbre del más allá. Y la resignación, sin explosiones de lágrimas ni de reclamos inútiles. Tampoco hablan mucho, ni se confiesan demasiado.

El campo los envuelve. La gente los acompaña por un rato. Lo despedirán, con uniforme de gala, con suelta de palomas y solo de trombón, los pocos bomberos voluntarios del pueblo. El era uno de ellos. Seguramente era una buena persona. Ya atardece. La película es eso, o apenas un poco más que eso. Una pieza pequeña, melancólica, minimalista, simple y abierta como la gente que vemos y la tierra que habitan. Tan simple que parece amateur. Y tan abierta como los sentimientos que afloran en silencio. Autor, Eduardo Crespo, el de “Tan cerca como pueda” y “Crespo (la continuidad de la memoria)”. Madre doliente, Romina Escobar, la de “Pequeña Victoria” y “Breve historia del Planeta Verde”

“Nosotros nunca moriremos” (Argentina, 2020). Dir.: E. Crespo. Int.: R. Escobar, R. Santana, J. Frickel (Flow).

Dejá tu comentario