19 de diciembre 2019 - 00:00

"Un rostro común, anodino"

Las grandes películas nacen a veces por azar. Este fue el caso de “La dolce vita”, pero especialmente azaroso fue el motivo que llevó a Marcello Mastroianni a protagonizarla y a fundar, desde entonces, un vínculo artístico indestructible con Federico Fellini, quien lo elegiría en el futuro como su alter ego hasta en la forma de vestir: el sobretodo encima del saco pero sin calzar las mangas, el sombrero, el pañuelo.

Cuando Fellini convocó a Mastroianni para “La dolce vita”, ambos no se conocían. El director de “Los inútiles” y “La strada” sólo lo había visto en algunas películas y cuando lo citó para proponerle el papel (fue en una playa), no sonó demasiado halagüeño. Le dijo (esto lo relata el propio Mastroianni en la película documental “Recuerdo, sí, recuerdo”): “Mira, Marcello, Dino De Laurentiis quiere que yo dirija una película, pero me exige que el protagonista sea Paul Newman. Está detrás de él pero a mí no me gusta. Ya lo estoy convenciendo para que desista”. Y continuó: “Paul Newman es un astro, tiene una personalidad muy fuerte, la gente no le va a creer nada. Yo, para este papel, necesito un actor común, de rostro anodino como el tuyo. No te ofendas, pero irías perfecto para el personaje”.

Risueño, Mastroianni recordaba que no se ofendió en absoluto. Por el contrario, le dio la razón, y aceptó el papel que le cambiaría la vida, el papel después del cual su rostro nunca más fue anodino.

En el documental, agrega que entonces le pidió a Fellini una copia del guión, y que éste llamó al coguionista Ennio Flaiano, que estaba en otra carpa: “¡Ennio, ven aquí, tráeme la carpeta!”. Flaiano se acercó con una carpeta que le entregó a Mastroianni mientras Fellini le decía; “Este es el guión”. “Ahí no había más que una caricatura de Fellini”, cuenta Mastroianni. “Un hombre desnudo que nada en el mar, y cuyo sexo es tan largo que llega al fondo. Y alrededor del sexo bailan las sirenas. Eso era ‘La dolce vita”.

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