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Oriundo de Luján, Leandro Villalba tiene poco más de veinte años y aspecto de «lindo del barrio». Tiene, además, una voz prolija e inquietud para cantar y componer. Lo que queda menos claro -al menos a partir de este primer álbum suyo- es hacia dónde quiere orientar su camino artístico. Siguiendo en parte una línea que en el presente encarnan Luciano Pereyra o Abel Pintos -pero que tiene larga historia en los alrededores de la música folklórica, ya en la época del «boom» con cantantes como Hernán Figueroa Reyes o Daniel Toro-, Villalba bordea la música tradicional pero se acerca mucho al pop, y en ese recorrido no termina de definirse. Hace un poco de todo: clásicos folklóricos como «La baguala» o «Gatito del dulce amor», un tango -«Nada»-, temas de Víctor Heredia -« Bailando con tu sombra»- o el ex Nochero Jorge Rojas -«La dura»- y composiciones suyas y de su director musical Diego Gallo. Pero, como decimos, el rumbo es incierto. Y se manifiesta también en los arreglos de Gallo, escritos para una formación pop que tiene guitarra española y bandoneón para aportar el «color local».
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