21 de enero 2004 - 00:00
Wilbur Smith: las técnicas de un favorito del público
-
El k-drama de Disney que todos están viendo: romance en una isla remota llena de secretos
-
Postas sanitarias y 1.500 efectivos: así será el operativo de seguridad por el velatorio del Indio Solari en Avellaneda
Wilbur Adicione Smith («mis padres me dieron el nombre de un pionero de la aviación, uno de los hermanos Wright, lo que me fijó una mirada hacia el mundo de las aventuras, ya que no un destino aventurero») nació en 9 de enero de 1933 en Broken Hill, Zambia (la ex Rodhesia del Norte) y se considera «un africano blanco».
«No tenía a nadie que me ayudara, ninguno que me enseñara una técnica que me pudiera guiar, sólo me servía haber devorado muchísimas novelas». Fue entonces que pensó «escribir algo que le gustara a la gente. Me imaginé mi público, el lector que podría comprar mi libro. Me hice una hipótesis de todo lo que podía gustarle y me largué a escribir. Fue una catástrofe. Me rechazaron el libro de todas las editoriales a las que lo envié, tanto sudafricanas como europeas. Decidí guardar ese manuscrito para saber lo que no tenía que hacer, un lector voraz sabe que aún de los malos libros aprende algo, por lo pronto lo que no le gusta y lo que no se debe hacer. Todos los errores que hice en aquella primera novela son los típicos de un inexperto: coloqué connotaciones políticas sin entender nada, creé personajes que eran como muñecos sin tener en cuenta cómo es realmente una persona, sin observar siquiera cómo es mi vecino, incluí montones de personajes que no significaban nada y compliqué la trama hasta el absurdo».
Con habilidad tocó, a partir de entonces, temas políticos, desde su amor a Africa y su gente, y sus novelas entonces fueron prohibidas en Sudáfrica y puesto bajo vigilancia policial durante el apartheid. «Lo agradezco», le gusta comentar «esa prohibición me dio el reconocimiento, hasta entonces improbable, de mucha gente».
Tal vez porque muchos de sus libros son sagas familiares, por caso el «Ciclo de los Courtney» o el «Ciclo de los Ballantyne» con mujeres sensuales y hombres poderosos e intrépidos, Smith conquista sobre todo a lectoras. Pero con los temas del tráfico de diamantes y oro, las feroces o amigables tribus, la caza o el resguardo ecologista de animales salvajes, las despiadadas naves negreras del pasado, la pasada y aún latente discriminación racial, las explotaciones petroleras, los espías y traidores, el fondo de novela histórica que apuesta a lo aventurero en un universo que no deja nunca de ser exótico, logra extender su público a los hombres.
Máximo Soto


