2 de febrero 2001 - 00:00

"Yo saqué el reggae y a Bob Marley de Jamaica al mundo"

Perry Henzell.
Perry Henzell.
Treasure Beach, Jamaica -«Hoy todo el mundo da por sentado que Bob Marley es famoso en Europa, Africa y toda América, y que el reggae es un género musical extremadamente popular internacionalmente. Pero cuando yo hice mi película «The Harder They Come», nadie conocía esa música fuera de Jamaica».

Quien lo dice es Perry Henzell, el hombre que no sólo contribuyó a la difusión internacional del reggae con ese film de culto (el primer largometraje rodado en Jamaica hace casi exactamente 30 años), sino que también catapultó sin proponérselo la carrera del mítico Bob Marley fuera de su país, empezando por los Estados Unidos.

Hoy, «The Harder They Come», protagonizado por otro astro internacional jamaiquino, Jimmy Cliff, sigue siendo redescubierto como algo nuevo cada vez que en alguna parte del planeta vuelve a darse en TV (como en la Argentina, donde se exhibió durante buena parte del año pasado en el canal de cable Films & Arts) o a relanzarse en VHS, disco láser y DVD. Para buena parte de la crítica internacional, el primer largometraje hecho en Jamaica sigue siendo una de las películas esenciales surgidas de cualquier parte del Tercer Mundo durante la última parte del siglo XX.

Para encontrarse con Henzell-, hay que recorrer 200 km desde Montego Bay, aunque vive en Runaway Bay, en un caserón de unos 300 años, que fue fotografiado intensivamente para un libro sobre casas del Trópico («esta es mi oficina», dice señalando una de las fotos). Pero, el mes pasado, Henzell se reunió con su familia en un asombroso lugar que combina la jungla y la playa, Treasure Beach, unos 30 kilómetros pasando el mítico Black River, sitio infestado por cocodrilos ideales para films de James Bond y exóticos safaris turísticos.

En su bungalow del Jake's Hotel, especie de oasis naturista que dirigen su esposa Sally y su hijo Jason, Perry Henzell recibió a Ambito Financiero para su primera entrevista con un medio argentino. La charla en el bungalow (una cruza entre quincho tropical y biblioteca bucanera) duró varias horas. Henzell habló sobre temas tan distintos como su relación con la difusión del reggae, la censura brasileña y sudafricana a su film, los temores de la comunidad jamaiquina de Londres, su amistad con Bob Marley y las reacciones de la audiencia a las escenas con marihuana.

Periodista: ¿Cómo logró producir una película tan fuerte y madura en un país sin tradición cinematográfica?


Perry Henzell:
Fue un proceso natural, y largo. La idea la tuve a fines de los '60, la película la filmé en unas pocas semanas, el dinero del presupuesto (400 mil dólares) lo conseguí convenciendo a amigos y conocidos, y la inversión recién la recuperé luego de 6 años de andar por el mundo con las latas de películas en la mano. Estudié dirección de actores durante un largo viaje a Inglaterra a comienzos de los '60. Vi trabajar a gente muy talentosa y volví listo para hacer carrera en la TV caribeña. Pero la TV nunca arrancaba, y terminé dedicándome al cine publicitario. Hacía spots para productos ingleses que debían venderse en todo el Caribe, la India, Asia y Sudáfrica, más o menos unos 30 países.

P.: Antes de convertirse en director, trabajó como crítico de cine. ¿Qué films lo influyeron al momento de convertirse en realizador?


P.H.: Supongo que muchas películas de Fellini o de Kurosawa. También el cine de Ken Loach. Pero si tuviera que mencionar una película, creo que sería «La batalla de Argelia», de Pontecorvo. En síntesis, jamás me gustó el teatro filmado, me interesa llevar la cámara adonde está sucediendo algo de verdad. Por eso elegí esa historia de un criminal que al mismo tiempo que graba un reggae muy exitoso, es buscado por la ley como el enemigo público número uno.

P.: Nunca pensó en convocar actores profesionales?


P.H.:
Es que prefiero toda la vida una persona que hace de sí misma que un actor con todo tipo de vicios teatrales. Elegí personajes auténticos, y muy pocos actores pueden lograr ese realismo. Quizás actores profesionales muy talentosos podrían dar un resultado similar, pero no existían en la Jamaica de los '70.

P.: ¿Fue muy complicado convertir a Jimmy Cliff en el delincuente Iván?


P.H.:
Fue un gran trabajo. El ya vivía en Inglaterra, y hubo que conseguir que volviera a sus fuentes. Paulatinamente lo logramos, al punto que al final, en todo momento él ya era Iván, nunca Jimmy.

P.: Filmar esa sociedad marginal debe suponer algún tipo de peligro...


P.H.:
En realidad, no. Aun cuando se está trabajando con delincuentes, ellos tienen un motivo para delinquir, y si uno los está filmando, ese motivo no existe. Sólo son peligrosos si uno los quiere detener, o perjudicarlos de algún modo. Hay que entender que en Jamaica no hay grandes divisiones raciales. Hay 1 por ciento de población blanca, y nadie se siente negro, blanco, chino o lo que sea, sino jamaiquino.

P.: ¿El consumo general de marihuana en su film no provocó quejas, críticas o censura?


P.H.:
Para nada. Cuando se estrenó aquí en Jamaica, todo el mundo festejaba cada escena de consumo de ganya. El estreno de la película fue todo un tumulto, y en seguida se convirtió en un éxito local formidable, ya que todo el mundo se sentía identificado con las situaciones que veía en la pantalla. En Jamaica siempre tuvimos un fuerte respeto por la libertad de expresión, por lo que el film no tuvo censura de ningún tipo en mi país. Hubo algunas presiones, pero yo también tenía fuertes contactos políticos, al punto de que la futura primera dama de Jamaica tenía un papel de reparto en el film. Por otro lado, la prohibición que pesa sobre la ganya es algo que enardece a mucha gente en Jamaica, así que en cada escena de consumo de marihuana, casi todos los espectadores se reían y aplaudían festejando.


Reacciones

P.: ¿En el resto del mundo las reacciones fueron iguales?

P.H.:
Sí. Lo que pasa es que mi película tuvo la distribución de un film de culto, en cines de áreas universitarias y funciones de medianoche. No existió un estreno masivo en los Estados Unidos. Lo que sí percibí muchas veces es que el film impactaba a algunos espectadores por ser el primero que mostraba el consumo de ganya como algo cotidiano. Hoy la película no impacta por eso... Pero en algunos países donde me interesaba especialmente estrenar el film, jamás me lo permitieron. Incluso al principio en Inglaterra casi ningún crítico se atrevía a ir a las funciones de prensa, y la comunidad jamaiquina estaba en un comienzo como avergonzada de una película que mostraba la pobreza en nuestro país. Pero con una difusión adecuada, logré romper ese boicot, y el film fue un éxito en Londres.

P.: ¿Y en qué países lo censuraron?


P.H.:
En Brasil y Sudáfrica... Yo siempre agradecí el interés del público occidental más intelectual, pero yo filmé «The Harder They Come» para esa audiencia marginal que la convirtió en un éxito en Jamaica, y siempre estuve seguro de que en Brasil o Sudáfrica pasaría lo mismo. Pero nunca me dejaron estrenarla en ninguno de estos dos países. En Sudáfrica ni siquiera lo logré después del apartheid. Y a Brasil viajé tres veces, y volví muy contento de conocer el país, pero muy triste de no lograr que ningún cine (salvo la Cinemateca de Rio) se atreviera a pasar la película. Supongo que les daba miedo apoyar cualquier tipo de manifestación cultural negra.

P.: ¿Y en Hispanoamérica?

P.H.: Sólo la estrené en Panamá. Y en España sólo se dio en la Filmoteca de Madrid. Me gustaría poder verla con un público argentino. Siempre leí cosas sobre la Argentina, y siempre me pareció un país misterioso.

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