El drama de la violencia en las escuelas -al estilo de lo sucedido en Carmen de Patagones-sigue extendiéndose por el mundo. Ya se sabe que no es sólo patrimonio de Estados Unidos, donde se produjeron los primeros casos, pero sorprenderá a los fraguadores de teorías sociológicas fáciles que el tema desvele también a una sociedad como la francesa, acostumbrada a elevados patrones de protección social.
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Según se informó ayer, el gobierno de Francia decidió apostar un policía en cada escuela del país para frenar el aumento de la criminalidad juvenil, una decisión que de inmediato generó polémicas.
El plan, agriamente rechazado por los sindicatos de docentes, fue firmado por el ministro del Interior, Domenique de Villepin; y por su par del Ministerio Público, François Fillon. «Es necesario actuar inmediatamente», dijo el primero al visitar una escuela de Dreux, centro del país, donde se han sucedido serios incidentes.
Mientras, muy cerca de allí, España se conmovía al enterarse de los motivos que llevaron al suicidio a un adolescente de 14 años en el País Vasco. El joven, de nombre Jokin, soportó a lo largo del último año las burlas de sus compañeros y, al parecer, hasta de sus profesores por haberse defecado encima una vez.
Según informó el diario «El Mundo», sus compañeros «de las burlas pronto pasaron a los golpes», y llegaron a romperle dientes y a hacerle comer tierra. Todo terminó el 21 de setiembre, cuando Jokin se arrojó en un acantilado. Hoy se lo llora.
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