15 de febrero 2005 - 00:00

Entre bueyes hay ayuda

Entre bueyes hay ayuda
«Clarín» y « La Nación» son socios en Papel Prensa junto con el gobierno de Kirchner que hoy representa al Estado. Además, son vecinos de plantas impresoras en Barracas («Clarín» la tenía antes y «La Nación» se instaló enfrente, adquiriendo sin licitación un terreno municipal en época de Fernando de la Rúa como jefe de la Ciudad de Buenos Aires).

La actual cúpula directiva de «La Nación» logró la mayoría accionaria sobre el resto de los familiares minoritarios Mitre y Vedia y Mitre, entre otros, en una oscura operación con el Claridem Bank del exterior (se sostuvo siempre que a través de este banco el capital lo habría aportado en realidad «Clarín»). Luego siguieron las operaciones con presuntos narcodólares en una causa que mantiene demorada la jueza María Servini de Cubría, que llegó a allanar el diario «La Nación» obteniendo documentación probatoria, que debió «cajonear» por presión política.

Barton Corp. de las islas Cayman
, un «paraíso fiscal», apareció posteriormente como propietaria de 50% de MNMS Holding que integraba con los Saguier y que manejaba y maneja el diario que fundó Bartolomé Mitre. Barton Corp. puso un director, Cristopher Shaw, en el sospechado holding que hoy conduce «La Nación».

«Clarín» logró del gobierno interino de Eduardo Duhalde la sanción de una bochornosa «ley de quiebras» o «ley Clarín» para evitar que los acreedores externos tomaran la empresa ya que el medio debía unos 2.000 millones de dólares.

«La Nación» estaba menos endeudada, con 200 millones de dólares, pero también posee menor ingreso y pronunciada caída en ventas. Tal bochorno internacional fue esa ley ( violaba todo derecho al acreedor externo de un préstamo legítimo) que durante la misma gestión de Eduardo Duhalde un Congreso obediente debió derogarla tras haberla votado.

Pero el endeudamiento de «Clarín» y «La Nación» continuaba y juntos influyeron ante el gobierno de Eduardo Duhalde primero y de Néstor Kirchner después para sancionar una «ley cultural». Por ella los extranjeros acreedores sólo pueden tomar 30% del capital accionario de la empresa endeudada. El porcentual no era casual: 18% de «Clarín» es de Goldman Sachs y, dada su conocida ineficiencia financiera, le podían tomar hasta sumarle 48% pero no dominarle mayoritariamente la conducción del medio. Esta ley sancionada en la gestión Kirchner fue de vida o muerte para «Clarín» e indirectamente también para «La Nación», pero perdieron objetividad periodística, aunque ahora traten de ocultarlo.

• Subsistencia penosa

Esa ley ayudó a agravar financieramente al resto de la prensa argentina porque ante la limitación a los extranjeros nadie da créditos y hoy subsiste penosamente esa prensa, teniendo que pagar toda compra externa al contado.

No olvidemos que «Clarín» y «
La Nación» le llevan de ventaja a todo el resto de los diarios tener también subsidiada la materia prima papel de imprimir, por la sociedad con el Estado en Papel Prensa.

Por si esto fuera poco, el Banco Provincia de Buenos Aires le otorgó un subsidio a «Clarín» durante la era Duhalde por 75 millones de dólares (Ricardo Gutiérrez, presidente de la institución, dispuso pagar eso por 18% de un site de Internet de «Clarín» que en su 100% no valía más de u$s 4 millones).

Con estos antecedentes sorprendió a todos los que conocen que ayer «
La Nación» haya publicado una carta de Jorge C. Rendo, «director corporativo de Relaciones Externas del Grupo Clarín SA» (tal su pomposo título refutando apreciaciones que en la propia «Nación» publicó el interventor en el Comité Nacional de Radiodifusión, Julio Bárbaro).

¿Que sucedió? «
La Nación» quedó sorprendida y atemorizada ante su asociado «Clarín» porque el domingo 6 de febrero, en su suplemento «Enfoques», un redactor objetivo puso palabras fuertes pero reales sobre el monopolio «Clarín» por haber vivido del favoritismo de todos los gobiernos -desde los militares del Proceso que le cedieron sin licitación la empresa Papel Prensa- pero particularmente de los de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner, últimamente.

Tal temor sobrevino en «
La Nación» que junto a la increíble carta del gerente Rendo publica un comentario editorial que, bien mirado, tiene conceptos sobre gobiernos y prensa que serían perfectamente adecuados a toda la restante prensa argentina, pero no precisamente a sus victimarios con privilegios y dádivas desde el Estado como tienen «Clarín» y «La Nación».

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